Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com
Si hay algo que pasa
desapercibido ante los ojos de la crítica de la televisión colombiana, es la
franja de programación que hay en las mañanas.
Es una constante en la
mayorías de los países del continente y de otras latitudes que existan los
programas de la mañana, pero esto no quiere decir que esa constante sea un buen
indicador.
Los canales privados y
el canal uno tienen en su programación, como en toda la parrilla, sus respectivos
enfrentados: Muy buenos Días, Mañanas con Uno y Día a día. Estos tres programas tienen la misma
estructura y básicamente son un programa de radio que funciona como acompañante
de las mañanas.
La categoría de
acompañante, se lo da la génesis que los sustenta, pues en los canales se los
valora a partir de los estudios de mercado, es decir, de quienes se
supone que son sus consumidores. Siendo así, esto debe leerse como que éstos
son propuestas para las amas de casa, porque, en los canales, aún se cree que
éstas son el único perfil de personas que se quedan en el hogar.
Lo que los programas de
la mañana buscan es funcionar como la radio, así la gente puede prender el
televisor y llevar a cabo cualquier quehacer, mientras va escuchando lo que
pasa durante el programa y si hay algo muy llamativo en "lorito"...
pueda correr y ver qué está pasando con la imagen.
Ahora bien, no se trata
de desconocer la función social que de carambola le descubrieron los canales a
estos programas, y, de paso, la competencia con la radio por convertir oyentes
en televidentes, pero lo cierto es que estos programas tienen una pobreza
audiovisual que supera cualquier intento de tolerancia.
Lo son porque
precisamente no aprovechan lo visual y el gran porcentaje de su contenido está
en el audio, se trata de oir como tres presentadores se sientan a hablar y
hablar sin rumbo fijo y sin cosas interesantes para opinar. Al igual que en muchos programas
de radio, se trata de personas que comparten sus opiniones personales y
generalmente con un muy bajo nivel de información sobre lo que opinan. Es como hablar con un
par de vecinas en la puerta de la casa. No tiene nada de malo hablar con las
vecinas y puede resultar muy interesante, pero la pregunta que surge es si esto
da para que se ponga en televisión. Según mi opinión, !no lo es!
Son pobres porque aunque
algunos de ellos se han renovado con sus presentadores, la mayoría lleva tanto
tiempo repitiéndose hasta el cansancio. que se han vuelto paisaje.
Son pobres porque son la
tienda de la televisión, sí, todo el tiempo están llenos de pauta comercial,
pareciese que uno está entrando en un espacio lleno de vitrinas y estanterías
en donde se exhiben los productos. En este punto en especial, es estratégico
ver como se acaban las tandas de comerciales y se comienza el programa con
"product placement" o pauta dentro del contenido.
Si hay algo que sostenga
estos programas en pantalla es la pauta, porque a pesar de que tienen un muy
bajo nivel de rating, comercialmente son muy rentables, y si no que lo digan
los anunciantes que se mueren por seguir pautando en ellos. No sé si son
conscientes de que la pauta no la ven, ¡la escuchan!
Los programas de la
mañana son un mal innecesario para el televidente, pero un mal necesario para
los canales que solo ven sus beneficios comerciales y poco o nada les importa
lo que aportan audiovisualmente.
Nunca he dicho que una
cosa deba pelear con la otra, pero es cierto que replantearlos y hacerlos
atractivos y con buen contenido, no tendrá nada que ver con que dejen de ser la
gallina que sirve los huevos de oro en la mañana.
Es necesario dejar de
verlos como si fueran el caucho de la programación. Por lo menos, en los dos
canales privados, los acortan y los alargan según las necesidades de turno,
cosa que es entendible cuando hay problemas con la parrilla de programación y,
sobre todo, cuando hay eventos especiales que necesitan de ese tiempo para las
transmisiones.
Pero en la mayoría de
los casos, los programas de la mañana se alargan para rellenar, y sin duda
alguna los productores de estos programas son avisados solo con horas de
anticipación. La solución termina
siendo que se alarguen a decir lo que se les ocurra o que le den tres veces más
vueltas de lo necesario a un tema, o cuando terminan siendo la respuesta a la
presión de los departamentos de programación y prensa para que sean los
recicladores de los lanzamientos del prime.
Así, uno ve cómo se gasta
el tiempo al aire repitiendo por completo o en fragmentos lo que se vio la
noche anterior.
Si bien es entendible
que los programas de la mañana deban cumplir con las necesidades de promoción y
programación de un canal, también es cierto que la sabiduría popular nos ha
enseñado... ¡bueno es culantro, pero tampoco tanto!
Sin duda los programas
de la mañana necesitan ser revisados y articulados a partir de que tengan una
identidad, que busquen ser algo para el televidente y que dejen de ser la
colcha de retazos, el salpicón al que nos tienen acostumbrados a ver, pero para
eso es necesario entender que hay que revisarlos a fondo y cambiarlos de raíz.
Sets, formatos y
presentadores cumplieron su ciclo hace mucho tiempo y muchos de los que ahora
siguen en la pantalla parece que lo hicieran más por el beneficio económico que
reciben que por un compromiso profesional, una pasión personal y un respeto por
el televidente.
Lo que es cierto es que
muchos seguirán oyendo radio por el televisor y los canales harán muy poco por
estos programas, porque como dicen por ahí... si funciona y vende, ¿para qué
lo cambiamos? Y después se preguntan en los canales, ¿por qué el
rating de las mañanas es tan bajo? ¡No se necesita ser un genio!
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