viernes, 3 de junio de 2016

¿Y dónde está El tesoro?


Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com

Caracol, hace varias semanas, estrenó su nueva comedia El Tesoro La historia que se trata de la búsqueda de un tesoro (apenas obvio) y su imposibilidad de sacarlo del lugar en donde está, por estar en medio de la disputa de dos familias que antes era grandes amigas, parece haber traspasado la ficción y haber contaminado a la teleaudiencia, que a esta altura del programa se pregunta lo mismo que las familias protagonistas... ¿Y dónde está el tesoro? Y no porque esté enganchada con la historia; todo lo contrario, porque esta comedia tiene más bien poco de valor para rescatar.

La televisión colombiana se ha caracterizado por haber hecho grandes aportes a la narrativa y a la industria, no solo en nuestro país, sino en latinoamerica. Uno de las grandes contribuciones fue trabajar a partir de historias locales, propias, cercanas, historias con las cuales nos identificamos, generando lo que se enmarcó dentro del costumbrismo, y bajo ese concepto, vimos nacer grandes productos como: Don Chinche, Romeo y Buseta,  La Riolina, La Mala Hierba, Gallito Ramírez, NN-Nerón Navarrete, La posada y Los Tuta, por mencionar algunos. Todos estos programas tuvieron un gran impacto en las generaciones que los vieron y, claro, la respuesta del público se vio reflejada en un rating contundente. Estos programas usaron los referentes de la colombianidad y los pusieron al servicio de la comedia, creando grandes personajes que están grabados en la memoria de muchos.

Lo que aportó el costumbrismo comenzó a mutar y a generar otros productos que se hicieron más contextuales y centrados en personaje, así surgieron Pedro el Escamoso y Germán es el man, que, en épocas diferentes, usaron los mismos conceptos y traspasaron la pantalla para inundar la cotidianidad del televidente con frases y hasta estilos de baile. En el caso de Germán, surgió como un Spin Off, es decir, surge como resultado de un personaje que se destaca en un programa anterior y que, debido a su acogida, los productores deciden hacer un nuevo producto, y, a su vez, generó uno adicional que no fue para televisión, se trataba de un show en vivo que tuvo una gran acogida y múltiples presentaciones. Cuando un programa logra eso, por supuesto, el rating lo corrobora. Pero lo que fue un gran aporte no solo en nuestras pantallas, sino que también hizo que los polos de producción televisiva de nuestro continente, México y Venezuela, vieran a Colombia como una industria que se fortalecía, se ha perdido y ha llegado a que tengamos en la pantalla lo que podría decirse como una muy devaluada expresión del costumbrismo por el cual nos destacamos. El tesoro trae a pantalla una realización que se ve pobre, acompañada de una sobreactuación generalizada que hace ver a todos los personajes en el plano de lo ridículo, no en vano, está cerrando la franja prime que no es el horario que seguro esperaban para este producto y con un bajo nivel de audiencia. Quizás en las cuentas de Caracol, éste no era un producto para ser lanzado en este momento, pero al igual que con Sinú, se ve que no había mucha fe en él.

Esta comedia tomó los elementos que marcan lo que somos como cultura y los amasó de una manera burda. Ya habíamos visto mucho de este estilo en novelas como Los canarios, que giran alrededor de la situación y no de lo que necesita la comedia, el personaje afrontando el equívoco, lo insolucionable o enfrentando, a cada paso, el destino que solo quiere llenar el camino de dificultades.  Lo cierto a la luz de este artículo, es que El tesoro está lleno de clichés, exageraciones, hipérboles y situaciones que carecen de un elemento que es fundamental en la narrativa: la verosimilitud. Toda historia, por descabellada o ficcionada que sea, tiene que ser creíble, eso hace que el espectador, en su imaginario, pueda asumir a los personajes como referentes y en ocasiones, lanzar juicios sobre cuál sería su accionar frente a las situaciones que propone la historia. En este caso, nadie quiere, así sea verdad, sentirse ni verse tan ridículo como aparecen todos en esta comedia, que tiene tintes de tragedia narrativa.

Si las comedias basan su éxito en los personajes y ya dijimos que la nueva propuesta de Caracol carece de eso, también es justo mencionar que no es lo único por lo que el programa hace honor a la expresión popular "no es ni chicha ni limoná".  Es claro que en la propuesta hay desorientación desde la dirección, no se puede tener a todos los personajes persiguiendo el mismo objetivo. Todos los actores tiene el mismo tono, la misma propuesta corporal hiperbólica, todos están haciendo lo mismo y ahí es donde se equivocan. La propuesta de arte también se ve pobre. Pudiese argumentarse que se trata de ambientar a las familias de la clase popular, de lo más representativo de nuestra cultura, pero una cosa es mostrar lo popular y otra es hacerlo pobremente, y aquí la estética tiene mucho de lo segundo.


La comedia costumbrista definitivamente no es El tesoro. Este programa no representa nada de lo que aprendimos y en lo que definitivamente somos buenos haciendo, pero es la muestra de que algo pasa con quienes toman las decisiones sobre qué productos hacer y terminan pidiendo cosas que, seguramente, cumplen con las expectativas comerciales, pero no con las de la calidad de una televisión que ha alcanzado tanto reconocimiento como la nuestra. El Tesoro definitivamente no nos deja nada de valor!





martes, 24 de mayo de 2016

¡Todo quedó al mismo nivel!


Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com

El programa concurso, que por varias semanas lideró el rating de la franja prime de la televisión, en los últimos días, ha comenzado a descender en los números. ¿Qué estará pasando? No es necesario hacer un gran esfuerzo para conocer la razón.

Si bien en artículos anteriores habíamos dicho que Caracol hizo una apuesta sobre seguro repitiendo la temática musical, también se hizo un especial énfasis en que no había nada de innovador, que A otro nivel era la repetición de los mismos esquemas.  El exceso de confianza y las ganas de pensar que cuando se es primero entre dos no hay razón para esforzarse, comienza a mostrar que hay síntomas de desgaste.  A pesar de tener música, un jurado que es reconocido y una presentadora que tiene el título de miss universo, en un país que adora y venera a las reinas, el programa se estancó. No propone nada nuevo y, peor aún, ni siquiera entendió qué estructuras debía replicar para que no se perdiera el interés de la audiencia. En últimas, el ascensor de A otro nivel hace rato que está en el mismo piso.

¿En qué falla? Desde mi opinión, estas son las razones por las que peca:

1. El Jurado, a pesar de tener conocimiento, no está dramatúrgicamente armado dentro del programa. Es decir, todos tienen el mismo valor dramático, las diferencias son mínimas y lo que dice uno, lo corrobora el otro y lo que dice el otro ya lo dijo el uno; mejor dicho, con que hablara uno solo sería suficiente porque oír a los tres diciendo lo mismo, lo vuelve soso y aburrido.

2. Si algo tenía el equipo de Caracol, y en exceso, era que sabía armar a sus concursantes como personajes. En este programa olvidaron eso y perdieron el rumbo. Si algo tiene la televisión que nunca puede olvidar, es que la excusa temática del programa no puede ser más importante que el evento televisivo, es decir, se trata de un programa sobre cantantes que son una excusa, nunca se tratará de la carrera musical de los participantes, se trata del entretenimiento de los televidentes. Porque se haga un programa sobre pandebonos, no significa que los pandebonos sean más importantes que las imágenes de los pandebonos. Lo que es un principio básico de la narrativa.

3. Y, ligado con el anterior punto, la razón por la que no hay personajes es porque les pesó más el talento y nivel de los concursantes que el compromiso de hacer un programa de entretenimiento. La premisa básica de la televisión es que se está haciendo televisión (por más obvio que suena, tiene mucho sentido) y quienes hagan parte de ella deben aportar a los intereses de construir una narración que dé entretenimiento a los televidentes. Sumado a eso, estará el talento musical, pero nunca podrá ser al revés y menos que lo segundo tenga mayor peso que lo primero.

4. Literalmente no pasa nada en los VTRS, es decir, los espacios en los que se muestran a los concursantes antes y después de las presentaciones ante el jurado son anecdóticos, son puro paisaje. En teoría, se les entrega la canción y se ve la preparación, pero todo tiene un tono forzado, se siente poco verosímil. Ni cuando no tienen voz, ni cuando no se saben la canción, ni cuando alguno se cree arreglista y se siente desubicado. Una vez más, que una situación se presente y se grabe, no quiere decir que sea dramática y mucho menos que con ella se asegure la dramaturgia, parece que aquello de construir narrativa se les olvidó o los que sabían hacerlo ya no están.

5. ¡Exceso de Paulina! Nadie niega que la presentadora es una mujer muy bonita y que, en un comienzo, se desenvolvió bien frente a la pantalla, pero al mejor estilo RCN, los productores ven en Paulina una tabla de rating por los atributos físicos que tiene. No hay mayor equivocación que esa. Ahora todos los cantantes le declaran su amor, le hacen sus coqueteos, le piden que se vaya a vivir con ellos, etc., etc., etc. Como dicen los abuelos... bueno es culantro, ¡pero tampoco tanto!

6. ¡Demasiada agua a la sopa! Cuando un programa no está estructurado en sus etapas y no se tiene el timing narrativo, cuando no se tiene claridad de qué tanto le debo dar al televidente para que quiera más y no se canse, comienza uno a echarle agua a la sopa como cuando llegan visitantes inesperados a la casa en plena hora del almuerzo. De la misma manera, A otro nivel  hizo de la primera etapa, la del ascensor, un subibaja interminable, con el agravante de que la cantidad de concursantes que pasaron fue muy alta comparada con los que quedaron por fuera. Pero, para rematar el tema, "El siguiente nivel" eran grupos de 4 personas en las que se eliminaba a uno, es decir, el 25 por ciento de los participantes. Si recuerdan la voz u otro similar, el proceso pasa de los seleccionados (que no son tantos) a un 60 o 50 por ciento de los concursantes, es decir, de la primera a la segunda etapa se eliminan al menos al 40 por ciento de los seleccionados. Eso se hace por una razón muy sencilla, al reducir rápidamente el número de participantes en pantalla, se vuelven más identificables para el público, se ve más seguido a quienes se pueden convertir en personajes, interactúan más en la pantalla frente al televidente.pero aquí, esto que fue una lección aprendida en El Desafío de las regiones, cuando llevaron a 36 participantes y los primeros capítulos fueron un completo caos narrativo, pues no se sabía quién era quién, y eso que ahí existía el beneficio de que estaban agrupados por regiones, se repite como si no existiera el valor de la experiencia .

Para los objetivos que tenía Caracol de seguir de primero y poner en pantalla un formato musical que no pagara derechos por su realización, creo que el negocio fue más que beneficioso, pero si lo vemos a la luz de lo que realmente es el programa, no hay duda que es un "formato" que no tiene estructura y que tiene más errores que aciertos. Ojalá haya una evaluación sobre este producto que por la situación del mercado la sacó barata y ojalá no sientan que solo es parte del reinado del rating porque bien dicen que: ¡El Tuerto en el país de los ciegos es rey, pero eso jamás le devolverá el ojo que le falta!





miércoles, 18 de mayo de 2016

¡Hipnosis a los televidentes!


Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com

El domingo anterior RCN hizo el lanzamiento de Hipnosis un juego demente, en un nuevo intento por salir al combate con su enfrentado Caracol, en una de las franjas donde más duro ha sido golpeado en los últimos años.

Hace ya varios años, el horario del domingo en la noche ha retomado la importancia que solía tener cuando la televisión era pública y que heredaron los canales en los primeros años de la televisión privada. Los que superan los treinta años alcanzarán a recordar que en ese horario se dieron grandes productos, títulos como Don chince, Vuelo secreto, El cuento del domingo o cuando quiero llorar no lloro, más conocido como los Victorinos, son difíciles de olvidar. En esos años, el domingo en la noche era una cita obligada de las familias frente al televisor, era el momento en que se cerraba el descanso con la cereza de un capítulo más de la serie favorita. Para aquellos que, con justa razón, argumentan que en nuestra televisión no hay series, debo aclararles que en el momento no las hay, pero sí las hubo y eran de gran impacto. Cada capítulo era esperado con ansia y, sin duda, comentado a lo largo de toda la semana.  

Aunque en los inicios de la televisión privada ese horario tomó protagonismo con las emisiones principales de los realities, rápidamente cayó en manos de las películas repetidas eternamente y perdió peso en la parrilla, pero, hace unos años, llegaron los periodísticos de corte "que siga el amante de la señora" y retomaron, con su estilo amarillista, la fuerza que hoy les vemos. Nadie se esperaba que este espacio tuviera números de rating que, muchas veces, supera los programas del prime entre semana. Pero hoy no es una realidad ajena a lo que pasa con los canales privados. Caracol se ha hecho fuerte en ese horario con Séptimo día, que durante mucho tiempo estuvo reinando en solitario, hasta que decidieron sacarle un hijo con un poco más de pedigree, claro, eso es un decir, porque por más que quieran vestir al mono de seda…, mono se queda. Así que Los informantes y Séptimo día son la misma perra pero revolcada.

Al dominio de Caracol en el horario estelar de los domingos se le unieron las preocupaciones de RCN por estar quedándose relegado, así que decidió enfrentarse con productos del mismo corte: 4 Caminos y Descárate sin Evadir. Ninguno de los dos productos obtuvo los resultados esperados. Ahora, ha decidido apostarle a un producto de concurso y despegarse de su habitual  estrategia espejo de programación, es decir, no le está enfrentando a los "periodísticos" de  Caracol un producto de las mismas características. Desde mi punto de vista, aplaudo la iniciativa, está más que demostrado que no pudieron batallar en las mismas condiciones, pero desafortunadamente RCN cae nuevamente en los mismos errores de siempre, cuando se trata de productos de entretenimiento realizados por productoras externas.

Hipnosis es una propuesta novedosa, tiene ese ingrediente de algo desconocido que puede ser llamativo, pero peca porque no tiene estructura. ¿Un concurso donde los concursantes no saben que están concursando? Realmente esto parece un contrasentido. El primer detalle, que quizás no fue muy explícito para la mayoría, es que el presentador deba decirles al final cuánto se ganaron. Si el concursante no sabe lo que se está ganando surge una pregunta básica que define el género... ¿Cuál es la motivación para concursar?  Esto no parece la idea de que el programa haya ido por el mejor camino y si a eso se le suma que, en una parte del programa, Victor Mallarino asegura que se han ganado una cifra de dinero, que al final resulta ser menor que la anunciada anteriormente, comienza uno a pensar o que las matemáticas fallan o que este programa no está armado como se debe. De otro lado, no se sabe quién es el protagonista, pues, si bien es un concurso y por lógica deberían ser los concursantes, ya sabemos que no saben que están concursando lo cual los invalida como tal; entonces pensaría que, dado el nombre, el protagonista debiera ser el personaje que hace caer al los concursantes en trance, en hipnosis. Si de narrativa televisiva se trata, este argumento sería válido pues se trata del oponente, aquel que ejerce una fuerza contraria a las intenciones de los concursantes, con el fin de impedir que alcancen su objetivo, es decir, el premio, pero el señor Mustafa vagamente aparece y por lo poco que se ve en pantalla, debiéramos agradecerlo pues no parece ser un personaje carismático.

Si en un concurso los concursantes no saben lo que hacen, no saben por lo que están concursando y la fuerza opositora no es clara en sus funciones, se podría afirmar que el programa no tiene estructura, pero en este caso, esos no son los únicos argumentos, pues para hacer esta afirmación hay de sobra. El televidente esperaría que le explicaran en qué consisten las condiciones de la hipnosis, el nivel de conciencia y cómo interviene eso en las pretensiones del objetivo de ganar dinero, pero en lugar de esto, se limitaron a mostrar un pequeño clip en el que decían que fueron hipnotizados detrás de cámaras, para luego mostrar a los concursantes en unos perfiles que no dicen nada. Si lo que querían era generar un efecto de contrapunto y contraste, era necesario ver a los concursantes en sus cinco sentidos, siendo informados de cuánto es el premio, reaccionando frente a la información, planeando cómo ganarlos y SOBRE TODO explicitando su incredulidad sobre la hipnosis y sus efectos en su comportamiento. De esa forma, se haría un claro contraste que marque el giro dramático de los concursantes cuando los vemos actuar de manera extraña siguiendo las indicaciones del señor Mustafá y posteriormente, reaccionando ante lo que están viendo que fue su comportamiento cuando están bajo los efectos del hipnotizador. De esa manera queda claro para el televidente el efecto de invalidación-validación-invalidación, es decir, concursantes que no validan el poder la hipnosis, concursantes validando el efecto con su comportamiento, concursantes invalidando su posición de incredulidad, esto, al final, termina fortaleciendo la premisa del programa y dándole a entender al televidente que eso desconocido que es la hipnosis tiene efectos poderosos.

Ver a los concursantes reaccionando frente a su comportamiento bajo el trance en un recuadro antes de salir a los bloques de comerciales, desde lo personal, se sintió desarticulado y funcionaba más como los avances de lo que se esperaba que fuera el bloque de cierre del programa y que nunca se dio. Si el cuadro descrito no es lo suficientemente dramático, se le puede sumar que nunca se supo cómo se repartirán el premio, cuál era el interés de participar juntos, si todos estaban bajo las mismas condiciones, en fin, pequeñas cosas que el televidente debiera saber para engancharse y comprender el programa. Pareciera que los productores se sentaron a ver lo que grababan y se divirtieron tanto, que se les olvidó preguntarse si tenían o no un programa de televisión.

Por ahora, los números en rating fueron muy buenos para lo que tradicionalmente RCN ha marcado en ese horario, pero una vez más, peca por no tener claridad en los procesos y por hacer programas divertidos para quienes los graban y no para quienes los ven... Igual que pasa los sábados con Me caigo de la risa,  muy divertido para los que están en el set, pero nadie entiende porqué están ahí, cómo ganan, quiénes repiten, por qué repiten y podría hacerse una lista interminable de preguntas que con toda seguridad ningún televidente podría responder a ciencia cierta. Esperaremos a una nueva emisión dominical a ver si la audiencia sigue en trance o lo de Hipnosis solo fue un espejismo.