miércoles, 31 de mayo de 2017

¡Caracol… vuelve y juega!



Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com



Esta semana el canal Caracol hizo los lanzamientos de una novela, o mejor una bio-novela, y su ya acostumbrado reality estrella. Por el lado de la novela lo primero que uno se pregunta es… ¿hasta cuándo con la temática de los músicos costeños?



Si bien como colombianos tenemos mucho que agradecer a la riqueza y aporte de la cultura costeña, también es cierto que tanto y tan seguido de lo mismo aburre. Como bien lo dice el dicho popular…  ¡Hasta la belleza cansaI



La vida de los Morales y en especial la de Kaleth puede que sea interesante, no lo afirmo ni lo niego, la verdad no me interesa verla, pero lo que sí puedo afirmar es que no era el momento.



Caracol se equivocó de timing y el rating así se lo está demostrando. Un lanzamiento bajito en los números con una tendencia a la baja capítulo tras capítulo.



Ahora bien, sin querer analizar con rigor el producto, se le ve la economía en el reparto y eso, aunque sea bueno refrescar la pantalla, tampoco es bueno hacerlo con el grueso del reparto de un producto. Ya que es necesario mantener el delicado balance entre actores de recorrido y nuevos talentos para que un producto sea llamativo.



En eso, el canal RCN tiene un largo historial de poner un actor como protagonista tras un producto en el que estaba de secundario y programar los dos productos consecutivamente. Esperemos que esa estrategia dé resultados con los lanzamientos que hará próximamente el ya no tan alicaído canal. Pues, como lo anunciamos, La ley del corazón era un producto que iba a causar impacto y así lo hizo, así sus números no hayan alcanzado el primer lugar.



Continuando con Caracol, el segundo lanzamiento que hizo el canal fue El Desafío, su ya insigne reality que sigue los pasos de Sábados Felices, cultivando año tras año el reconocimiento de duración en pantalla… Si es por repeticiones va por buen camino, lo demás deja mucho para revisar.



En lo personal, debo confesar que me parece que el formato perdió la capacidad de sorprender hace varias ediciones y que los productores incluyen elementos más fruto de la premura creativa, que de un proceso dramatúrgico estructurado.



Si hay algo que siempre he afirmado en el manejo de estos formatos, es la obligatoriedad de no tener demasiados participantes al comienzo; cuando son muchos, no es claro quién es quién.



Eso sí, con excepción del paisa negro que es un showman y se hace notar… sí o sí.



Ahora bien, si ha esto se le suma el hecho de integrar a un personaje como Osmín que, aparte de su pose de chico malo, no tiene nada más, podría decirse que de elementos diferenciales con las ediciones anteriores… ¡hay bien poco!



Por cierto, con respecto al entrenador de los desterrados, lleva varios años remando en canales latinoamericanos para tener un programa llamado “El método Osmín” , claramente no da para que lleve el peso de un programa.



Lo curioso de todo esto y para cerrar este artículo, es que ese personaje se va a volver protagonista en esta edición de El Desafío y no porque haya sido una apuesta de los productores, sino porque no sabrán administrarlo.



Una reflexión básica al respecto… ¿Los protagonistas no deben ser los participantes? Amanecerá y veremos si la intuición atina o falla.



P.D.: El cambio de presentadora no me disgusta y creo que Catalina Aristizabal encaja en el personaje Host de para este reality.

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jueves, 20 de abril de 2017

¡Déjala vivir!



Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com


Desde que se estrenó la La niña Emilia en Telecaribe, han surgido una gran cantidad de artículos que hablan del impacto que ha generado. En la mayoría de ellos, aunque algunos hiperbolízados, comparto las líneas generales de lo que reconocen en esta miniserie.



Sin duda y sin precedentes, Telecaribe demostró que la televisión es una sola sin importar si es pública y sin avergonzarse de que sea regional y pequeña. Llamó a personas con experiencia de la televisión comercial y las puso al servicio de hacer un buen producto.



Claro, sin duda, los directivos del canal tuvieron la verraquera para darle libertades al equipo creativo y de realización, para que hicieran un aporte al producto, para que dejaran atrás las cadenas de la televisión comercial y se apropiaran de los espacios que dan la ilusión de hacer algo bueno y de impacto.



La niña Emilia tiene la particularidad de hacerle sentir al televidente que está hecha con amor y pasión, no con limitación y obligación.



Ahora bien, no sería justo, al calor de ver el esfuerzo que se ha hecho, dejar de mencionar las debilidades que tiene. Hay fuertes huecos en la historia y se siente desarticulada la evolución cronológica del personaje. No es una intención narrativa, es una falencia del producto.



Por otro lado, a título personal, el hecho de que las distintas etapas de la protagonista sean interpretadas por la misma actriz Aida Bossa se siente descontextualizado cronológicamente; es decir que, para lo que se está contando, muchas veces, se ve bastante mayor.



No obstante lo mencionado, la serie juega con las posibilidades narrativas y pone al televidente a entrar y salir de la ficción con una facilidad fascinante, lleva al espectador arrullado como por el canto de las sirenas a perderse en los aportes de lo documental como si hicieran parte misma de la ficción.



El trabajo de Andrés Salgado y su equipo en la construcción de los libretos y Alessandro Basile y Ramsés Ramos en la dirección logra que uno ni se dé cuenta de que están mezclando dos géneros: la realidad y la imaginación, en una combinación que solo deja espacio para sentarse y entretenerse.



Mucho se dice que la televisión se debe hacer lo más evidente posible, que no genere preguntas en el espectador y que no le demande el esfuerzo de conectores narrativos que lo obliguen a no perderse ni un instante para que no se desubique de lo que está pasando, pero creo que, en el caso de La niña Emilia, productores, escritores y realizadores dejaron de lado la vieja premisa de que al espectador hay que darle todo mascado y se concentraron en hacer un producto que fuera bueno y que contara algo interesante.



En resumidas cuentas, atendieron la premisa contraria y que es tan conocida en la televisión… El televidente es inteligente y reconoce un buen producto.



Telecaribe ha sentado un precedente que, equivocadamente, han tildado como un hito en la televisión regional. Discrepo profundamente de eso. Esta serie se arriesgó a hacer buena televisión con un presupuesto muy limitado, a traer formas distintas de contar a las convencionales, a mezclar géneros narrativos; pero, por encima de todo, esta serie mostró que el televidente puede consumir cualquier producto, con cualquier estructura narrativa.


Caracol y RCN tendrán que mirar con el rabillo del ojo y reconocer que Telecaribe supo hacer con este producto mucho mejor televisión que ellos. Hay muchas más cosas que ver en los canales públicos y regionales que en los privados. Felicitaciones!



Quienes no la hayan visto les recomiendo pasarse por la página de Telecaribe. 

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martes, 21 de febrero de 2017

¡JJ, comandante del rating!




 Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com


Caracol ha lanzado con bombos y platillos su producto internacional JJ, basado en el libro del lastimosamente famoso sicario insignia del cartel de Medellín.



Lo primero que vale la pena que el público sepa es que este es un producto en alianza internacional, al igual que RCN con El comandante. En este caso, Caracol, que tiene mejores espacios comerciales, unió fuerzas con Netflix para este producto.



Si bien la polémica ha acompañado a este producto y no es para menos, hacer dramaturgia a partir de un personaje que, de cierta manera, se ha convertido en una vedette a punta de hacer la recopilación histórica de un época dramáticamente violenta, debería generar cuestionamientos.



Más allá de si este personaje o no merece estar en pantalla, uno se pregunta si era el momento para hacerlo.



Las historias de los delincuentes siempre han sido fuente de inspiración en la humanidad. Grandes libros se han escrito alrededor de estos personajes, se han hecho memorables películas y, claro, la televisión ha usado el delito como generador de contenido.



Desde hace varios años, nos ha acompañado en nuestra pantalla la presencia o, mejor, la casi omnipresencia de Pablo Escobar en distintos productos, pero lo cierto es que este personaje ya no está con nosotros, murió, y ahí hay una clara diferencia.



Ahora, tener la historia de un personaje que aún está vivo, que está libre, que escribe un libro y que ha tomado una inusitada presencia en los medios de comunicación, sí nos deja pensando que en este país el delito y la corrupción… ¡si pagan!



¿Es esa la marca que Caracol quiere promover? No sé si se hagan la pregunta o no, no sé si la alianza para producir el producto era demasiado rentable como para no hacer cuestionamientos éticos y no sé si el jabón del rating alcanzado es suficiente para lavar los atisbos de remordimiento.



Si se dejan de lado las consideraciones morales y nos centramos en lo televisivo, hay que decir que el producto está bien hecho y, muy contrario a lo que pasa con El comandante de RCN, la edición respeta la construcción de la estructura narrativa.



Como resumen, éste es un producto que se cuenta bien y que sabe enganchar al televidente.



Pero, para poder completar este panorama, es muy importante preguntarse qué pasa con el público. Porque si bien el que estas temáticas se pongan en pantalla es decisión de canales y productores motivados por un beneficio comercial, la responsabilidad de que se mantengan al aire es del público.



¡Qué tenemos en la cabeza como sociedad que respaldamos una serie como JJ  y le damos el tercer puesto en el rating con un promedio de 8 puntos!



No nos podemos quejar de que el agua está envenenada, si fuimos nosotros los que decidimos tomárnosla.

miércoles, 15 de febrero de 2017

¡Para dónde vas… Comandante!


 
Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com





RCN, hace algunos días, hizo el lanzamiento de su nuevo producto de apertura en el horario late. La historia del polémico presidente venezolano que se hizo célebre por su particular forma de ver la política tanto local como internacionalmente.



Más allá de las consideraciones éticas sobre si este personaje merece o no que su historia de vida sea contada como programa de televisión, vale la pena detenerse en lo puramente audiovisual.



El comandante, en sus primeros capítulos, pero en especial en el de estreno, tuvo fuertes debilidades en la estructura narrativa. Si bien éste es un personaje muy conocido, no se puede asumir que la mayoría de los televidentes conozcan sus antecedentes.



No hay peor error que intentar contar los hechos de un personaje tan flemático como éste, si no se conocen las motivaciones que dispararon su proceso.



Con pequeños flashbacks insertados a la fuerza, se intenta contar un pasado desarticulado que al final no se entiende. La versión internacional fue mucho más consciente de la importancia de contar el sustento emocional que motiva al protagonista, pero la versión de RCN se equivocó de cabo a rabo.



Ahora bien, desde mi punto de vista, éste es un error de enfoque, de lectura de contexto. Quiénes tenían la responsabilidad de decidir que se cuenta y que no, optaron por lo que consideraron políticamente correcto y no por lo que narrativamente era estructurado. Al final, el desacierto no se hizo esperar y el rating resultó ser una hecatombe.



Como creador de contenido y libretista, no alcanzo a imaginar el desconsuelo de quienes escribieron la serie, al ver el resultado que se puso al aire en el canal nacional.



De otra parte, y en lo personal, creo que el trabajo de interpretación de Andrés Parra no es contundente, de hecho, parece que su interpretación fue una parodia y eso, en términos narrativos, es quitarle toda la verosimilitud al protagonista. Mejor dicho, si así es con el personaje principal… como diría la vendedora de rosas, ¡para qué casa si no hay zapatos!



Ahora bien, si cambiamos de foco y nos ponemos a pensar qué motivó contar una historia como la de Chávez en nuestra televisión, en lo personal, no le encuentro ningún asidero lógico.



Este es un personaje que no tiene arraigo en nuestro país y que sus múltiples acciones, en la gran mayoría de los casos, generaron profundo rechazo en nuestra sociedad. Pensar que el solo hecho de que sea un personaje reconocido lo hace atractivo, nuevamente es un gran equívoco.



Pero pensar que la motivación para hacer un producto domo El comandante para la televisión colombiana fue esa, es perder de vista la globalización que tiene la industria desde hace varios años.



Tenemos este producto en nuestra pantalla porque es un producto de demanda internacional, una apuesta para varios mercados en la que RCN vio la oportunidad de ser un socio más y no ser el único doliente del esfuerzo económico.



Al final, era una apuesta, un tiro al aire a ver si caía en la diana y podían sacar un poco de rédito económico y provecho en el rating. Pero los números claramente indican que a la hora de tomar decisiones en televisión, la rentabilidad y joint venture (alianza estratégica) no son los factores determinantes.



A ver si con este nuevo descalabro, RCN entiende que el mercado colombiano, su gran gallina de los huevos de oro, no puede ser tratado como marrano antes del sacrificio. O se pone serio y produce para ser líder o intenta recoger monedas para meter en la alcancía.

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viernes, 13 de enero de 2017

¡Los lanzamientos al vacío de Caracol!

Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com


Nada de lo que se haga con anterioridad, para escoger qué programa a producir, puede asegurar si éste tendrá o no éxito, si el público lo abrigará o no con el respaldo del rating.


La razón de hacer televisión es para que el público tenga acceso al entretenimiento (esto en el caso de la televisión comercial que tenemos en Colombia), se dan por descartados los fines educativos y culturales que puede tener como medio de comunicación.


Ahora bien, la medida que respalda o no la acogida del público a un producto es el rating y, hasta el momento, por más que se debata o no, es la única medida que rige al mercado y a la industria. Con los recientes lanzamientos de Caracol, Colombia’s Next Top Model- CNTM y Polvo carnavalero, se podría decir que el rating está de su lado, pero qué significa haber estrenado estos dos productos con cifras de 8.8 y 10.2 rating personas respectivamente?


Dadas las condiciones y los números alcanzados por RCN, significa que obtuvieron el segundo y tercer lugar del rating, aunque el primero no preocupe porque es del mismo canal y se trate de Sin senos sí hay paraíso.


Más allá de lo que signifiquen los puestos y los números y, claro, las preferencias de los televidentes, vale la pena mencionar que estos dos productos dejan mucho que desear y nos ponen a pensar sobre qué es lo que siguen produciendo los canales. Tanto Colombia’s como Polvo son productos que no proponen nada nuevo, que no retan y que se miden por lo bajo.  


En el reality, si bien el universo (contexto) es una excusa y lo que no se debe perder de vista es que se está haciendo un programa de televisión, también es cierto que mantener la narrativa dentro de ese universo es lo que le da verosimilitud.


Para que sea más claro, hacer un reality sobre modelos no significa que para el canal sea determinante realizar el sueño de los concursantes, se cumple con el premio, pero no hay compromiso con el sueño. Para el canal lo determinante es hacer un producto de televisión, porque el compromiso vital es con el televidente, no con el concursante.


Lo que me llama poderosamente la atención es cómo, para justificar lo dramático, que tanto le gusta al público y que nunca reemplazará lo dramatúrgico, se están pasando por la faja la verosimilitud, poniendo pruebas más aptas para un programa de aventuras, que para el universo de una carrera de modelaje. 

Desde mi punto de vista, lo que pasa en términos de las pruebas en Colombia’s Next Top Model es totalmente gratuito, no tiene asidero en lo narrativo. Seguramente generan impacto sobre la audiencia, pero se olvidan de que, por más televisión que sea, debe haber narrativa.



Del otro lado está Polvo Carnavalero que, como ya lo había dicho en otro artículo, es la eterna historia que hemos vistos por años en nuestra televisión (La costeña y el cachaco o Guajira por citar dos ejemplos). La idea de tomar estas culturas y ponerlas en el traje de personajes hiperbolizados que no son ni estereotipos y mucho menos arquetipos, sólo deja espacio para ponerlos en el terreno de la caricatura.


La novela está plagada de construcciones y personajes sin sentido que no dan cuenta de vidas reales. Si algo precisa la ficción, las historias, es creer el mágico puente de la referenciación, de la identificación. Ese vínculo invisible que hace que nos conectemos con las personas que viven la historia y que hace que nos interesemos en saber cómo las van a vivir. De esto más bien poco, por no decir nada.


Pero como a todo marrano le llega su nochebuena, parece que a pesar de obtener números en el rating que los deja por encima de su rival, si los pone a tambalear y lo hace porque quién más marca ahora en el horario “prime” es un producto del horario “late”.


Como dicen popularmente… el que entendió, entendió.


Es una lástima que un producto distinto y bien hecho como lo es “La ley del Corazón” tenga que cargar a cuestas el peso de una marca que está mal hace tiempo. Con este producto se puede ver con claridad que RCN tiene problemas de Branding y no de producto.


Caracol, como aquel que no quiere ver, se repite y se repite y se seguirá repitiendo eternamente, porque no le interesa innovar. Están aferrados a la máxima de que lo que funciona no hay que tocarlo, así los resultados no sean buenos. Pero, mientras se gana en una competencia de dos, no hay mucho de qué preocuparse.


A ver qué pasa cuando entre en funcionamiento la alianza CMI, Noticias Uno y RTI.

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miércoles, 4 de enero de 2017

¡RCN cambia la estrategia y Caracol no se inmuta!



Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com

Durante años, los televidentes colombianos nos hemos acostumbrado a que en la época de las fiestas decembrinas la televisión entre en un marasmo de contenido.



Todos los programas que ocupan la programación son reemplazados por series de corte histórico-religioso y eventos propios de la época (desde hace unos años El festival del humor y Qué Camello) El fundamento de esta decisión por parte de los canales es el rating. Está demostrado que el encendido, o sea, la cantidad de televisores que se prenden para ver televisión, disminuye considerablemente.



Frente a este hecho, los canales prefieren cambiar la programación y esperar a que el modo festivo en que se encuentra la audiencia termine, para volver a poner en pantalla la programación habitual.



Este año, Caracol repitió la fórmula que siempre se ha aplicado. Saboreando las mieles de un año más de liderazgo en el rating, no se inquietó por la decisión de su contrincante de no seguir la conocida tradición.



RCN, frente a un año de muchas dificultades y de constantes ‘baji-altos” (vale la pena alterar el término, pues la constante fueron los bajos resultados), decidió continuar con su programación habitual y no truncar el lanzamiento reciente “La Ley del Corazón”.



Si bien lanzar un producto a final de año es correr un riesgo, creo que fueron coherentes al asumirlo alterando la estrategia de programación. Seguramente, tendrán resultados distintos a los que caracterizaron el año y, posiblemente, serán fruto de haberse arriesgado.



El 2017 parece que puede ser un año en el que el canal RCN ponga en práctica una de las máximas del conocimiento popular: “para alcanzar resultados distintos, hay que hacer las cosas distintas”, no se puede seguir esperando que las cosas cambien si se sigue haciendo lo mismo. ¡Bien por el cambio de óptica!

Esperemos a que la apuesta de la vida del comandante funcione. Ese personaje tiene tanto de ancho como de largo!



Por el lado de la competencia, Caracol parece no estar muy inquieto con el tema, no solo mantuvieron la estrategia, sino que parece que los números alcanzados en el rating durante el año lo hacen sentirse sólido en su puesto de ganador.



Lo que parece que no están viendo muy de cerca es que ser el primero del año con una pérdida tan importante de audiencia, como la que tuvo en promedio el canal, es más para preocuparse que para celebrar.



Si bien RCN tuvo un año, por no decirlo menos, malo, también es cierto que hizo varios intentos que seguramente estarán marcando el nuevo rumbo. No está de más ver lo que pasó con “Hasta que te conocí”, “Bloque de Búsqueda”, y,  sobre todo, con “Yo soy Bety, la fea”.



Muchos podrán argumentar que, así como hay esos pequeños aciertos, la cantidad de descalabros durante el año fueron numerosos, y están en lo cierto; pero cuando uno va perdiendo la carrera o la pelea, cualquier golpe que acierta es ganancia y aprendizaje.



Y si lo vemos a la luz de los estrenos para arrancar el año de Caracol, pareciera que las cosas comienzan a tomar otra cara. “Polvo Carnavalero” la novela que surge de la película y que claramente es, otra vez, la historia de la costa contra el centro del País conciliada por el amor. Es inevitable pensar en “La costeña y el cachaco” de RCN que tuvo buena acogida en el público.



Por otro lado, anuncian “Colombia’s next top model”, que en años anteriores no ha tenido mayor impacto y sirvió como ejercicio comercial para elegir a las famosas chicas de una marca de cervezas. Y para completar el panorama “Yo me llamo”, un concurso que el público conoce muy bien y que ya lleva varias ediciones. A esta altura uno se pregunta si Caracol lo único que sabe hacer es concursos de canto y “El desafío”.


Inicia un nuevo año en el que RCN deberá, por fin, demostrar que también tiene con qué volver a ser el líder del rating, y Caracol confirmar si su reinado es porque hace las cosas bien o porque, definitivamente, su competidor es muy débil.


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