Por:
Guillermo Zafra- yiyozafra@gmail.com
Aunque los nuevos estrenos de los canales: Bailando con las estrellas (RCN) y Asia Express (Caracol), ya llevan más de una semana al aire, no se
ha visto mayor impacto en el público. Por el lado de Caracol, Asia Express es un programa pregrabado,
así que el único cambio viable que podría sufrir es de horario, pues cada día
que pasa, su rating tiende a bajar. Al final de la semana, su promedio fue de
7.5 puntos y se ubicó en el quinto lugar de los programas del prime, es decir,
el esfuerzo y la inversión del canal en este reality no están siendo pagados
por la audiencia, que, poco a poco, se aleja. Si la tendencia se mantiene, no
será raro ver que Asia Express termine en otro horario.
Si bien en el artículo anterior se había advertido que una de
las grandes falencias de Asia Express era basar su narración en la
imposibilidad de comunicación verbal de los concursantes con los residentes del
lugar, también es cierto que no es la única que tiene. El presentador en un
programa de este estilo juega distintos roles, eso dependiendo de la carga
narrativa que se le quiera dar dentro de la dramaturgia del programa. Se trata
de que su función genere en los concursantes o en el televidente, reacciones
emocionales. En el caso de Iván Lalinde su rol no está definido, es un
presentador completamente plano que no aporta. Verlo en pantalla es recordar,
un poco, el rol bonachón de su trabajo en El precio es correcto, donde era
cercano al concursante y abrazaba a la señora y le pedía al esposo que la
apoyara. Ese tipo de cercanía con el participante para ese concurso era lo apropiado,
pero en el caso de Asia Express, no
sería lo adecuado. Quizás por eso, a Lalinde se le ve sin ritmo y sin nada de
interpretación. En los Copetes - cuando
el presentador aparece solo en una locación dando una información de cómo
evoluciona el programa— se le ve sin emoción, apagado y lo que cuenta lo hace
informando, como si estuviera en un noticiero. Esto termina generando la
sensación de que está poco involucrado con lo que pasa y mucho menos con los
concursantes. Por lo demás, los momentos en que interactúa con ellos, al final
o comienzo de las pruebas, no generan nada en ellos. Quizás, los tiempos que
debe manejar un presentador de un formato de este estilo no son conocidos para
él y, quizás, le ganó la idea de que la experiencia como presentador en los
noticieros y en concursos anteriores, sería la necesaria para este programa,
pero a nuestro juicio… se equivocó.
Por el lado de Bailando
con las estrellas, Taliana Vargas y Patrick Delmas comenzaron mostrando
toda su inexperiencia en el rol de presentadores. Los dos, en las primeras
emisiones del programa, se caracterizaron por gritar. No sabemos si el ruido en
el set era alto, pero lo que sí sabemos es que, cuando un presentador está
nervioso, no regula el tono de la voz y se le olvida que tiene un micrófono. El
detalle parecía ser tan evidente, que para el final de la semana lo habían
logrado controlar. Tal vez lo productores se percataron o quizás las críticas
en las redes sociales no se hicieron esperar. Sin embargo, Patrick Delmas sigue
mostrando la gran diferencia que hay entre un actor y un presentador. Los
actores se esfuerzan por representar un papel que el director y el equipo
técnico logran captar con la cámara, es decir, la cámara es quien busca al
actor, por el contrario, el presentador trabaja, representa para la cámara, es
él quien la busca y no al revés. Delmas está más en su función de actor porque
no es consciente de la cámara y en múltiples ocasiones, está en función del
público. Si bien el público que está en el estudio merece la atención del
presentador, es claro que el compromiso más importante está con quién está
frente a la pantalla y en eso Patrick aún sigue perdido.
Por el lado de Taliana, quien también cayó presa de los nervios
y presentó más gritando que hablando, mostró su mayor debilidad en la poca
capacidad de generar contenido por sí misma. No es raro ver que a cada pareja
de concursantes se les pregunte lo mismo en el camerino, en la pista de baile y
en el balcón de las estrellas, sector que está a cargo de ella. Desafortunadamente,
cuando los concursantes llegan a sus manos, tenemos que ver por tercera vez que
se les hagan las mismas preguntas y, para rematar, termina dando como
conclusión las respuestas que le dan los concursantes; como quien dice, de su
aporte… ¡poco o nada!
No en vano el rating los ha castigado. Bailando a un no termina
de cogerle el paso al público y mantuvo en la primera semana una pequeña
ventaja sobre su competidor, que siente, cada vez más cerca, el fuego de un
dragón que amenaza con quemarlo. El próximo artículo: concursantes retorcidos
como el dragón y bailarines sin cogerle el paso.



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