Por:
Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com
Comenzaron dos nuevos formatos en los
canales privados. Por un lado RCN con Bailando
con las estrellas y por el otro, Caracol con Asia Express. Del primero hay que decir que la gente lo tiene
pensado como un reality; realmente no lo es, se trata de un concurso. Las
primeras emisiones, claramente, han dejado ver el nerviosismo del equipo y lo
difícil que puede resultar encontrar suficientes famosos para hacer un formato
como éste, al final, terminaron importando a personajes populares de otras
latitudes, como la Tigresa de oriente, con el fin de encontrar un eco en la
audiencia, por lo controversial del personaje.
Este concurso, hasta ahora, ha mostrado
falencias que iremos mostrando en varias entregas, pero comenzaremos por
mencionar al jurado. Las tres personas elegidas para ser el jurado y que
cumplen un papel muy importante en términos narrativos, pues son ellos los
personajes que le dan contrapeso a la dramaturgia del programa, es decir,
tienen incidencia directa en la reacción emocional de los concursantes y, por
ende, en la de la audiencia. Desafortunadamente, en el caso de Bailando con las
estrellas el jurado no tiene carácter ni carísma para considerarlo personajes.
Dos de ellos son estáticos y parecen estar en pose de modelo de fotografía, y
la tercera tiene serias dificultades para manejar el idioma. No se desconoce
que los tres tienen un amplio conocimiento en el tema, pero eso no quiere decir
que sean las personas idóneas para estar en televisión. Si bien estos programas
se sirven de una excusa de contexto: baile, canto, supervivencia, etc., también
es cierto que con esos contextos lo que se está elaborando es un programa de
televisión. No se trata de hacer una réplica de los mismos y llevarla a la
pantalla; se trata de hacer un programa de entretenimiento para el público en
general y eso tiene unos códigos y unas necesidades específicas. En lo que
concierne al jurado, no se acertó en su elección.
Por el lado de Asia Express, la ruta del dragón, la cosa no parece estar mejor. Si
bien este formato es un reality y se ha hecho en varios países y en varias
ediciones, también es cierto que ha estado en los dominios de los canales por
cable donde la audiencia tiende a ser bastante segmentada, es decir, de nicho.
En el caso del formato, con la idea de mostrar la diversidad de una geografía
lejana y desconocida para la mayoría de nosotros, se lleva a sus concursantes a
estos parajes. Pero es esa su falencia en las primeras emisiones, pues de Asia
aún no vemos mayor cosa. Hemos visto a los concursantes correr de un lado para
otro sin mayor sentido de orientación para el televidente. El programa se ha
centrado en la interacción de los concursantes con los locales y la
imposibilidad que da no manejar una lengua común, y, así, resaltar la capacidad
de lograr el objetivo a partir de vincularse de una forma distinta a la verbal,
pero esto, que puede ser divertido en un principio, comienza a volverse monótono
con solo dos emisiones. Lo cierto es que la narración solo está en la confusión
de los concursantes y en la “supuesta” imposibilidad de lograr comunicarse.Por lo
demás, es evidente que la producción tiene preparado muchos salvamentos y
mágicamente aparecen los transportes o los colaboradores que ayudan a resolver
la dificultad. Es claro que las soluciones muchas veces son tan “mágicas” que
ni siquiera logran la verosimilitud que necesitaría la audiencia, para creer
que fue el concursante quien lo resolvió.
Por ahora los dos programas arrancaron
con dificultades serias para levantar el vuelo, y la reacción de la audiencia, sin
ser mala, los dejó con resultados muy parejos. Sin embargo, para ser
lanzamientos los números de rating no fueron los mejores 9.5 Bailando con las estrellas y 9.1 Asía Express. Mientras siguió dominando
el prime Las hermanitas Calle. En la
siguiente entrega tocaremos el tema de los presentadores, unos dando vueltas y
el otro quemándose con la llama del dragón.


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