Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com
Caracol, hace varias semanas, estrenó su
nueva comedia El Tesoro La historia que se trata de la búsqueda de un
tesoro (apenas obvio) y su imposibilidad de sacarlo del lugar
en donde está, por estar en medio de la disputa de dos familias que antes era
grandes amigas, parece haber traspasado la ficción y haber contaminado a la
teleaudiencia, que a esta altura del programa se pregunta lo mismo que las
familias protagonistas... ¿Y dónde está el tesoro? Y no porque esté enganchada
con la historia; todo lo contrario, porque esta comedia tiene más bien poco de
valor para rescatar.
La televisión colombiana se ha
caracterizado por haber hecho grandes aportes a la narrativa y a la industria,
no solo en nuestro país, sino en latinoamerica. Uno de las grandes
contribuciones fue trabajar a partir de historias locales, propias, cercanas,
historias con las cuales nos identificamos, generando lo que se enmarcó dentro
del costumbrismo, y bajo ese concepto, vimos nacer grandes productos
como: Don Chinche, Romeo y Buseta, La Riolina, La Mala Hierba,
Gallito Ramírez, NN-Nerón Navarrete, La posada y Los Tuta, por mencionar
algunos. Todos estos programas tuvieron un gran impacto en las generaciones que
los vieron y, claro, la respuesta del público se vio reflejada en un rating
contundente. Estos programas usaron los referentes de la colombianidad y los
pusieron al servicio de la comedia, creando grandes personajes que están
grabados en la memoria de muchos.
Lo que aportó el costumbrismo
comenzó a mutar y a generar otros productos que se hicieron más contextuales y
centrados en personaje, así surgieron Pedro el Escamoso y Germán es el man, que,
en épocas diferentes, usaron los mismos conceptos y traspasaron la pantalla
para inundar la cotidianidad del televidente con frases y hasta estilos de
baile. En el caso de Germán, surgió como un Spin Off, es decir, surge
como resultado de un personaje que se destaca en un programa anterior y que,
debido a su acogida, los productores deciden hacer un nuevo producto, y, a su
vez, generó uno adicional que no fue para televisión, se trataba de un show en
vivo que tuvo una gran acogida y múltiples presentaciones. Cuando un programa
logra eso, por supuesto, el rating lo
corrobora. Pero lo que fue un gran aporte no solo en nuestras pantallas, sino
que también hizo que los polos de producción televisiva de nuestro continente,
México y Venezuela, vieran a Colombia como una industria que se fortalecía, se
ha perdido y ha llegado a que tengamos en la pantalla lo que podría decirse
como una muy devaluada expresión del costumbrismo por el cual nos
destacamos. El tesoro trae a pantalla una realización que se ve pobre,
acompañada de una sobreactuación generalizada que hace ver a todos los
personajes en el plano de lo ridículo, no en vano, está cerrando la franja
prime que no es el horario que seguro esperaban para este producto y con
un bajo nivel de audiencia. Quizás en las cuentas de Caracol, éste no era un
producto para ser lanzado en este momento, pero al igual que con Sinú,
se ve que no había mucha fe en él.
Esta comedia tomó los elementos que
marcan lo que somos como cultura y los amasó de una manera burda. Ya habíamos
visto mucho de este estilo en novelas como Los canarios, que giran
alrededor de la situación y no de lo que necesita la comedia, el personaje
afrontando el equívoco, lo insolucionable o enfrentando, a cada paso, el
destino que solo quiere llenar el camino de dificultades. Lo
cierto a la luz de este artículo, es que El tesoro está lleno de
clichés, exageraciones, hipérboles y situaciones que carecen de un elemento que
es fundamental en la narrativa: la verosimilitud. Toda historia, por
descabellada o ficcionada que sea, tiene que ser creíble, eso hace que el
espectador, en su imaginario, pueda asumir a los personajes como referentes y
en ocasiones, lanzar juicios sobre cuál sería su accionar frente a las
situaciones que propone la historia. En este caso, nadie quiere, así sea
verdad, sentirse ni verse tan ridículo como aparecen todos en esta comedia, que
tiene tintes de tragedia narrativa.
Si las comedias basan su éxito en los
personajes y ya dijimos que la nueva propuesta de Caracol carece de eso,
también es justo mencionar que no es lo único por lo que el programa hace honor
a la expresión popular "no es ni chicha ni limoná". Es
claro que en la propuesta hay desorientación desde la dirección, no se puede
tener a todos los personajes persiguiendo el mismo objetivo. Todos los actores
tiene el mismo tono, la misma propuesta corporal hiperbólica, todos están
haciendo lo mismo y ahí es donde se equivocan. La propuesta de arte también se
ve pobre. Pudiese argumentarse que se trata de ambientar a las familias de la
clase popular, de lo más representativo de nuestra cultura, pero una cosa es
mostrar lo popular y otra es hacerlo pobremente, y aquí la estética tiene mucho
de lo segundo.
La comedia costumbrista definitivamente
no es El tesoro. Este programa no representa nada de lo que aprendimos y
en lo que definitivamente somos buenos haciendo, pero es la muestra de que algo
pasa con quienes toman las decisiones sobre qué productos hacer y terminan
pidiendo cosas que, seguramente, cumplen con las expectativas comerciales, pero
no con las de la calidad de una televisión que ha alcanzado tanto
reconocimiento como la nuestra. El Tesoro definitivamente no nos deja
nada de valor!

El problema que tienen producciones de Caracol a las 10 p.m. es que cuando se quieren meter en el terreno de la "comedia", la sobreactuación es la regla general y no la excepción. Todo lo resuelven a los alaridos, y es ahi donde uno percibe que el producto es solo un vil relleno.
ResponderBorrarSin duda, es una regla general que Caracol lleva varios años aplicando!
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