lunes, 19 de septiembre de 2016

¡La narcocrisis del televidente!


Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com



Nuevamente, está sobre el tapete la discusión de las temáticas sobre las cuales la televisión debe  construir sus historias. Esto, en particular, se refiere a las series que hablan del narcotráfico y sus protagonistas.



Como siempre, salen defensores y detractores a poner sus opiniones a consideración del público. En lo personal, creo que estas temáticas se deben abordar desde el lado de los buenos, tal y como lo había afirmado en el artículo de Bloque de búsqueda, pero también comparto la idea de que hay una saturación una sobreexposición del tema.



Entiendo a aquellos que hacen las críticas y reclaman productos con temáticas diferentes en la pantalla. No obstante, lo cierto es que olvidan que la televisión, al menos la comercial, es una industria y, como cualquier otra industria, debe producir aquello que sea rentable.



Muchos podrán decir que los productos solo hablan de violencia y ejemplifican comportamientos que no se debieran mostrar, cosa que es tan relativa como discutible. Como dicen por ahí: dejar de mirar al sol no quiere decir que deje existir.



Ahora bien, como cualquier industria, la televisión quiere vender sus productos, quiere que el público los consuma y toma riesgos con diferentes temáticas, las expone frente a la audiencia y espera que el rating hable de la aceptación o no de la misma.



Endilgarle a la televisión una responsabilidad educativa o formadora cuando su propósito es entretener y culparla de poner temáticas que, a los ojos de muchos, no son las adecuadas es como vender el sofá cuando se encuentra a la pareja siendo infiel en él. Como dicen: no hay peor ciego que el que no quiere ver.



Los canales trabajan una temática de manera consecutiva porque el público la consume, porque el público la respalda con el rating. Un claro ejemplo de esto es ver como, desde un tímido comienzo, Sin tetas sí hay paraíso ha subido considerablemente, de tal manera que su promedio de audiencia ya está sobre los 10 puntos personas.



¿Cómo decirle al dueño de la tienda que no ofrezca más empanadas, que es lo que más vende, porque los vecinos se quejan de que hay muchas personas en la entrada de la tienda y eso no es de su agrado?



Es iluso pensar que se dejen de elaborar o de tocar temáticas que ofrecen claros resultados en el rating y por ende en las ventas.



Si de verdad esas temáticas molestaran al público, no las vería. Ya quedó demostrado que la audiencia está saturada de las bio-novelas y por eso los bajísimos resultados de Todo es prestao.



No cabe duda de que RCN lo pensará más de dos veces antes de lanzar su producto sobre Pambelé. Los televidentes enviaron un mensaje claro.



Aunque he sido crítico con varios de los productos que están en nuestra pantalla, también entiendo que la televisión comercial es una industria que ha sido creada para entretener y generar dividendos. Pedirle que no produzca lo que vende, sería ser más que iluso; incluso, irresponsable con el objeto mismo de la televisión.



Lo sensato es entender que la responsabilidad de esas temáticas está en manos de la audiencia, del televidente. Ningún canal de entretenimiento va a mantener en pantalla, tozudamente, un producto al que el público le da la espalda y, si lo hace, es porque no tiene algo con que reemplazarlo.



La responsabilidad de que se siga trabajando sobre las temáticas que algunos critican no es de los canales, es de quienes consumen el producto. La industria de la televisión entiende que producir algo que no se ve es perder dinero… ¡mucho dinero!



Pero también entiende que producir algo que el público ve, es ganar dinero… ¡mucho dinero!


Seamos televidentes responsables porque en quien mira está el poder de decidir qué quiere ver, y eso lo entiende la industria de la televisión que trabaja para tener pegados a las espectadores a la pantalla, pero, en últimas, eso es una decisión personal, ¡porque a nadie lo pueden obligar a ver televisión!

viernes, 2 de septiembre de 2016

¡RCN: 6.9 y 6.3 las notas de un estudiante malo!




Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com


6.3 y 6.9 fueron los números del rating para los estrenos del canal RCN Todo es prestao y Sala de urgencias 2 respectivamente. Ya no parecen los números que reflejan la audiencia sino las calificaciones de un estudiante malo.



Insistir en la misma fórmula hasta el cansancio, parece ser la única estrategia de programación de RCN y eso que ya corren nuevos vientos en el departamento de programación del canal.



No se necesita ser muy conocedor, ni tampoco un experto para saber que… ni tan poquito que no alumbre, ni tanto que lo queme. Es claro que la bionovela ya está agota y hay que dejarla descansar.



Si haber tenido un tímido 6 en pleno lanzamiento del horario triple A no es la comprobación de que el género ya está desgastado y es hora de dejarlo de lado, todavía pueden intentar con Pambelé!



De todas maneras, no estaría de más que siguieran un consejo… guárdenla por un muy buen tiempo, más del que lleva en la bodega, porque si la tienen guardada es porque no le tienen fe y si a esa no le tienen fe y a las que programaron sí… ¿imagínense cuáles serían los resultados?



La historia de Galy tal vez no sea la mejor, pero, desde mi juicio, vale la pena contarla. Ahora, la pregunta es cómo y cuándo. Y ahí, como cosa rara, es donde fallan.



Todo es prestao tiene la intención de ser una bionovela con humor y la han planteado de esa manera, pero como suele pasar en esas apuestas, la línea que separa el humor de lo ridículo es muy delgada. Si no se sabe cómo hacerlo, se termina pisando el segundo terreno pensando que se está parado en el primero.



Ya las redes, desde que salió la campaña de promoción, han hablado con mucha creatividad de la caracterización de Bryan Moreno, sin duda la peluca parece la comprobación de que se quería ser ridículo.



Además de lo mencionado, lo único en lo que vale la pena hacer énfasis, es la inclusión del elemento de narración directa y ruptura de cuarta pared, es decir, cuando el protagonista se sale de la historia para dejar de ser personaje y pasar a ser narrador. ¿Se les ocurriría viendo House of cards en Netflix?



No sé si la maestría con que lo hace Kevin Spacey tenga algo que compararse con una idea de libreto, con un actor que apenas comienza. Mucha tela por cortar al respecto y, en mi opinión personal, ni aporta en lo narrativo ni está bien hecho en lo dramatúrgico.



Así llegan las nueve de la noche para entrar a ver el segundo lanzamiento “Sala de mentiras” perdón Sala de urgencias 2. Sin duda yo le cambiaría el nombre.



Este producto sí que tiene bien poco que rescatar y lo que más extraña es que la primera temporada no estuvo mal y tampoco tuvo un rating tan bajo. Quizás por eso, se suponía que el producto tenía ventajas en la segunda edición. El camino ya era conocido y recorrido.



Pero como si se les hubiese olvidado lo que habían hecho en la primera temporada, la serie comenzó con una muy marcada característica… todo se resuelve por arte de magia.



Una historia tiene, básicamente, un planteamiento, un desarrollo, un clímax y una resolución. Pues bien, en Sala de urgencias hay planteamiento y resolución de los casos. De desarrollo y clímax… más bien poco, por no decir nada.



Se queda uno pensando si es un problema de edición, lo cual revelaría que hubo muchos problemas con el material en grabación, pero, si es un tema de libreto…, ¡perdimos el año!



Vemos como el lesionado entra al hospital y mágicamente ya está atendido o pegado el dedo o ya descubrieron que se está haciendo el de las gafas para esconderse de la mujer, etc., etc. Para los que no entienden los ejemplos, no importa, igual quedamos los que vimos el capítulo… ¡no entendimos nada!



Si los conflictos y las situaciones están contadas así en todos los capítulos, esta será una serie que muy pronto llegará a cuidados intensivos.



Aunque tengo colgado un artículo sobre Sin tetas si hay paraíso, era inevitable escribir sobre los lanzamientos de RCN, pues los estrenos de las diez de la noche de la semana pasada (En la boca del lobo e Hilos de sangre azúl), tuvieron tan bajo impacto, que aún muchos ni se enteran que están al aire.



Con esos números ya pueden estar seguros que perdieron el año y, una vez más, a pensar en el siguiente a ver si por fin… ¡aprenden y dejan de repetir los mismos errores!







martes, 23 de agosto de 2016

¡El bloque de los buenos que mantiene a flote a RCN!


 
Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com


Dentro de todo lo que se ha opinado desde esta tribuna de los productos y estrategias de programación del canal RCN, es justo resaltar uno que entre las luces y las sombras de las decisiones que se toman con la parrilla, ha logrado mantenerse a flote.



Bloque de búsqueda, en mi opinión, es la elección correcta para narrar nuestra historia y lo afirmo porque creo que la televisión es un arma de entretenimiento que sin endilgarle una responsabilidad más allá de esa, puede ayudar a construir memoria cultural.



Los canales se empecinan en contar el lado oscuro de nuestra historia y de hacerle rimbombantes productos al bando equivocado.



Tres caínes, sin tetas no hay paraíso, el cartel, etc, etc y ¡etc! En lugar de buscar los mártires y víctimas, prefirieron contar desde los victimarios. ¿Qué se puede esperar si de ejemplo tomamos a los que, en la realidad, hicieron el papel de malos?



Si hay algo de admirar en los ejercicios narrativos de los norteamericanos es que son unos maestros construyendo historias de héroes, y ojo que digo héroes y no superhéroes. Ellos han sido capaces de llevar los actos más profundos de la realidad humana y resaltarlos como ejemplos de una cultura que todo lo puede.



En nuestra televisión, nos pareció que era más dramático contar la vida de los malhechores que de aquellos que en medio de tanta adversidad se obstinaron por combatirlos.



Quizás solo por eso, aunque no es lo único, le reconozco un gran valor a Bloque de búsqueda. Éste está contado desde el lado de los buenos, de los que le creyeron más a los principios que al dinero, de los que prefirieron la gloria del reconocimiento y no la banalidad de la opulencia.



Tres caínes nunca debieron ser la historia de los Castaño, debió ser la historia de Jaime Garzón y claro, al calor de ella, debió ser un eje narrativo la historia de los siniestros tres hermanos.



El cartel de los sapos no debió ser la historia de los narcos del suroccidente, debió ser la historia de Rosso José Serrano.



Sin temor a equivocarme, había mayor valor dramatúrgico en las historias si se hubieran construído desde el lado de los buenos.



en Bloque de búsqueda se hace el ejercicio con conciencia y con un trabajo de narrativa muy interesante. Los personajes están del lado bueno, pero tiene los matices maquiavélicos que los llevan a ver el mal como una herramienta para poder hacer el bien.



La historia es dinámica y tiene un muy buen ritmo, uno logra desesperarse con tanta impotencia de los integrantes del Bloque y no puede creer que a pesar de tanta corrupción, la fe y la esperanza sigan intactas.



Uno se emociona al saber que, al final, ellos, los buenos, van lograr su objetivo.



Y cabe rescatar el trabajo actoral de Sebastián Martínez, que ha logrado mostrar a un capitán Gavilán lleno de contrastes, de contradicciones, pero profundamente humano, profundamente convencido y profundamente infranqueable en su determinación de terminar con Pablo Escobar.



Quizás por eso, en medio de todos los atentados que le han hecho en la parrilla, ha logrado sostenerse y, no solo eso, ha logrado subir su promedio de audiencia a tal punto, que es el producto que más marca en el canal.



Desde el comienzo, este Bloque debió ser el producto en la franja de las 8 de la noche. Ahora, que está a punto de terminar, ojalá deje la enseñanza de que las historias de un pasado, tan violento y delictivo como el nuestro, hay que contarlas, sin ninguna duda, ¡desde el lado de los BUENOS!




sábado, 13 de agosto de 2016

¡Las 8 de la noche, el dolor de cabeza de RCN!



Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com


Escribir sobre televisión es un ejercicio que un país, con un oferta tan limitada como la que tenemos en Colombia, se convierte en una novela. Ahora, si asistimos a lo que han sido las decisiones y resultados del canal RCN en los últimos cinco años, sabemos que tenemos en las manos una tragedia.



El horario más codiciado del prime time, las ocho de la noche, se ha vuelto un yunque para RCN, ha probado múltiples formatos y ha pasado por diversas estrategias, obteniendo unos destellos de repunte en el rating que no le han podido asegurar una mejora definitiva.



Hemos visto Realities, concursos,  series y ahora un formato que desde mi experiencia profesional no he podido ubicar en ningún género: Grandes Chicos, un formato internacional por el que pagan derechos y que realmente es un despilfarro de dinero.



Una súper luminosa escenografía, público, invitados internacionales y un presentador reencauchado, hacen ver que los únicos números que son altos en este proyecto son los del presupuesto, porque los del rating solo fueron flor de un día.



¿De qué se trata Grandes Chicos? Nadie sabe. Muchos se preguntarán, ¿cómo así? Es claro que son unos niños que muestran que tienen unos talentos. Claro y eso ya lo saben sus papás y sus mentores y por eso ya los niños están desarrollando sus talentos en sus diferentes áreas, ¿pero quién les dijo que eso era televisión?



Quizás para el país del cuál el formato es originario, la cosa funcione, pero en nuestra pantalla ¡NO! Grandes Chicos no cuenta nada, escasamente muestra a unos niños, porque sin duda tampoco muestra sus talentos, escasamente los esboza.



Este es un programa que no tiene estructura narrativa y que trata de llenar a punto de videoclip y muecas del presentador 40 minutos de televisión. Al final, como se dice coloquialmente, no termina siendo ni chicha ni limoná!



En la televisión hay que contar algo, hay que entregarle al televidente una historia, no importa si se le pone el vestido de una noticia, de un concurso, de un reality o de la ficción. Sin duda, este programa no tiene ni idea de cómo hacerlo y piensa que llevar a los niños para mostrar su talento es contar la historia y por arte de magia, el público se va a interesar.



¡El rating claramente les confirma que así no es!



Pero RCN como tiene la terquedad de Santo Tomás y no cree hasta que no tiene el dedo en la llaga, se obstina por creer que comprar un formato les asegura que va a funcionar.



Ingenuamente pensaron que si un programa  como "La voz Kids" tuvo semejantes niveles de audiencia, poner un formato con niños como Grandes Chicos también sería un éxito total. ¡No! Si no hay narrativa, si no hay estructura, si no hay por qué emocionarnos con estos niños es como pasar por la calle y ver el espectáculo en el parque, divertido, pero no por eso voy a cambiar mi destino, así que el televidente sigue de largo.



Llegan las ocho de la noche y comienza el dolor de cabeza para el canal. Apostaron con un producto con una historia ganadora como la de Juan Gabriel, pero fue demasiado corto. Le apostaron con un formato de niños que afortunadamente es corto porque lo poco que habían alcanzado y el empuje que le habían dado a la parrilla se pierde con cada nueva emisión.



Ahora, volverán a poner en ese espacio una serie, con la idea de quitarle impulso al final de El Desafío y esperando a ver si Caracol le sigue los pasos y le enfrenta una serie y no un formato de entretenimiento.


Si RCN quiere volver a hacer entretenimiento va a tener que entender que no es un tema de flecha solamente, es un tema de indio. Comprar formatos y reproducirlos no garantiza el éxito alcanzado en el país de origen. Se necesita entender la dinámica de nuestra audiencia, que para mal o para bien, tiene sus preferencias.

martes, 2 de agosto de 2016

Netflix da una lección que los privados no aprenden.


Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com

Si bien es cierto que hoy en día el streaming o el consumo de contenidos que le hacen competencia a la televisión a través de internet es una realidad innegable, también es cierto que éste está lejos de ser en nuestro país tan masivo como la televisión abierta.

El porcentaje de la población que tiene acceso a internet de manera permanente en la categoría "on demand" no supera el 25% de la población. Sin embargo, el bajo porcentaje que tiene la fortuna de poder entretenerse con el contenido de la red, cada vez lo consume más. Esto quiere decir que aunque no hay una competencia directa, sí hay una competencia cada vez más especializada y más dura de afrontar.

Los canales privados saben que hay un público que está en la red y es un público que consume estructuras narrativas tradicionales y que aún no lo ha abandonado del todo. Es decir, de alguna manera se echa de vez en cuando una ojeadita por la pantalla tradicional. Quizás por esa razón, los canales, han visto la necesidad de tener a disposición, en streaming los mismos programas que emiten en su programación habitual de señal abierta.

La plataforma que ha logrado posicionarse en las predilecciones del público es, sin duda, Netflix. Por un valor mensual que oscila entre los quince mil y los treinta mil pesos, se puede acceder a todo el contenido.

El usuario tiene la oportunidad de ver lo que desea, a la hora que desea, en el dispositivo que desea y de ñapa, con el soporte de un software que ha estudiado sus elecciones y con base a ellas, le ofrece opciones similares, minimizando el esfuerzo de la búsqueda y elección del contenido.

Netflix ha llevado al usuario a olvidarse de lo que paga y a encontrarse con la experiencia, y tiene todo dispuesto para que así sea. Si el usuario tiene internet y está al día, puede concentrarse en el contenido, nada lo distraerá de eso. Sin duda ese esquema ha probado ser altamente exitoso y ha logrado monetizar los contenidos en una competencia de entretenimiento en la red, donde la gran mayoría es gratuita.

Pero más allá de su mercado natural que es internet, ha llevado paulatinamente a los televidentes con capacidad de compra hacia el mercado de la red, utilizando los televisores como su escenario de batalla.

Esta plataforma no sólo ha capturado a su mercado natural, sino que ha logrado entrar en competencia con el mercado de la televisión abierta y lo mejor de todo, sin pensar en los anunciantes, solo en los usuarios. Los canales privados para no dejar que el mercado se disperse ante ofertas como la de Netflix, ofrece en sus páginas web la opción de poder acceder a sus contenidos, es decir, han entendido que deben dar la pelea.

Lo que no han entendido hasta el momento es en cómo darla y cómo la consume quien está acostumbrado a hacerlo por ese canal de difusión. Todavía siguen pensando que se trata de pasar de la pantalla a la red. Por eso la experiencia de ver un capítulo de cualquier serie o programa que esté al aire por internet no es una experiencia, es una tortura.

Los canales pasan por alto el principio básico del consumo por internet: se trata de una elección y del control de esta por parte del usuario. Los canales en cambio, rompen los capítulos a madrazos con información comercial.

El usuario se ve obligado a ver la información publicitaria metida sin la menor consideración de si es un punto adecuado para romper la narración o no, así que tiene que sufrir que le despedacen su interés en la historia.

Además, el usuario tiene que ver como en los "bloques comerciales" no puede huir de ellos, es decir, no puede elegir no verlos, si quiere seguir viendo el capítulo, es literalmente obligado a padecer la pauta comercial.

No sólo en un par de ocasiones, cada vez más, los capítulos se llenan con cinco y seis de estos cortes que además tiene una variación excesiva en el volumen, siguiendo el mismo protocolo de lo que se hace al aire. Una vez más, es streaming, ¡no televisión! ¡La gente accede en la mayoría de los casos a este contenido con audífonos, por dios! Y si el panorama no es desolador y no se han sentado a ver qué es lo que hace la competencia directa con los contenidos en internet, hacen tandas de comerciales repetidos, unen en un "corte comercial" dos y tres veces el mismo pautante.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Los canales piensan que están poniendo un pie en internet al poner sus contenidos y no hay mayor equivocación que querer hacer lo mismo que hacen en su pantalla. Pero aún más equivocados, están los anunciantes que no ven lo que está pasando con sus piezas publicitarias y desconocen el enorme rechazo que produce su inclusión en la visualización.

Si lo que importa es el reporte de emisiones y reproducciones, creo que están mirando los indicadores equivocados. El streaming, sin duda, es una experiencia que le da poder al usuario y valora su decisión con respeto, y de eso, ¡los canales y los anunciantes están viendo muy poco!

viernes, 22 de julio de 2016

El duro despertar de cada día




Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com



Si hay algo que pasa desapercibido ante los ojos de la crítica de la televisión colombiana, es la franja de programación que hay en las mañanas.



Es una constante en la mayorías de los países del continente y de otras latitudes que existan los programas de la mañana, pero esto no quiere decir que esa constante sea un buen indicador.  

Los canales privados y el canal uno tienen en su programación, como en toda la parrilla, sus respectivos enfrentados: Muy buenos Días, Mañanas con Uno y Día a día. Estos tres programas tienen la misma estructura y básicamente son un programa de radio que funciona como acompañante de las mañanas.


La categoría de acompañante, se lo da la génesis que los sustenta, pues en los canales se los valora  a partir de los estudios de mercado, es decir, de quienes se supone que son sus consumidores. Siendo así, esto debe leerse como que éstos son propuestas para las amas de casa, porque, en los canales, aún se cree que éstas son el único perfil de personas que se quedan en el hogar.  



Lo que los programas de la mañana buscan es funcionar como la radio, así la gente puede prender el televisor y llevar a cabo cualquier quehacer, mientras va escuchando lo que pasa durante el programa y si hay algo muy llamativo en "lorito"... pueda correr y ver qué está pasando con la imagen.



Ahora bien, no se trata de desconocer la función social que de carambola le descubrieron los canales a estos programas, y, de paso, la competencia con la radio por convertir oyentes en televidentes, pero lo cierto es que estos programas tienen una pobreza audiovisual que supera cualquier intento de tolerancia.



Lo son porque precisamente no aprovechan lo visual y el gran porcentaje de su contenido está en el audio, se trata de oir como tres presentadores se sientan a hablar y hablar sin rumbo fijo y sin cosas interesantes para opinar. Al igual que en muchos programas de radio, se trata de personas que comparten sus opiniones personales y generalmente con un muy bajo nivel de información sobre lo que opinan. Es como hablar con un par de vecinas en la puerta de la casa. No tiene nada de malo hablar con las vecinas y puede resultar muy interesante, pero la pregunta que surge es si esto da para que se ponga en televisión. Según mi opinión, !no lo es!


Son pobres porque aunque algunos de ellos se han renovado con sus presentadores, la mayoría lleva tanto tiempo repitiéndose hasta el cansancio. que se han vuelto paisaje. 

Son pobres porque son la tienda de la televisión, sí, todo el tiempo están llenos de pauta comercial, pareciese que uno está entrando en un espacio lleno de vitrinas y estanterías en donde se exhiben los productos. En este punto en especial, es estratégico ver como se acaban las tandas de comerciales y se comienza el programa con "product placement" o pauta dentro del contenido.


Si hay algo que sostenga estos programas en pantalla es la pauta, porque a pesar de que tienen un muy bajo nivel de rating, comercialmente son muy rentables, y si no que lo digan los anunciantes que se mueren por seguir pautando en ellos. No sé si son conscientes de que la pauta no la ven, ¡la escuchan!



Los programas de la mañana son un mal innecesario para el televidente, pero un mal necesario para los canales que solo ven sus beneficios comerciales y poco o nada les importa lo que aportan audiovisualmente.



Nunca he dicho que una cosa deba pelear con la otra, pero es cierto que replantearlos y hacerlos atractivos y con buen contenido, no tendrá nada que ver con que dejen de ser la gallina que sirve los huevos de oro en la mañana.



Es necesario dejar de verlos como si fueran el caucho de la programación. Por lo menos, en los dos canales privados, los acortan y los alargan según las necesidades de turno, cosa que es entendible cuando hay problemas con la parrilla de programación y, sobre todo, cuando hay eventos especiales que necesitan de ese tiempo para las transmisiones.



Pero en la mayoría de los casos, los programas de la mañana se alargan para rellenar, y sin duda alguna los productores de estos programas son avisados solo con horas de anticipación. La solución termina siendo que se alarguen a decir lo que se les ocurra o que le den tres veces más vueltas de lo necesario a un tema, o cuando terminan siendo la respuesta a la presión de los departamentos de programación y prensa para que sean los recicladores de los lanzamientos del prime.


Así, uno ve cómo se gasta el tiempo al aire repitiendo por completo o en fragmentos lo que se vio la noche anterior.



Si bien es entendible que los programas de la mañana deban cumplir con las necesidades de promoción y programación de un canal, también es cierto que la sabiduría popular nos ha enseñado... ¡bueno es culantro, pero tampoco tanto!



Sin duda los programas de la mañana necesitan ser revisados y articulados a partir de que tengan una identidad, que busquen ser algo para el televidente y que dejen de ser la colcha de retazos, el salpicón al que nos tienen acostumbrados a ver, pero para eso es necesario entender que hay que revisarlos a fondo y cambiarlos de raíz.



Sets, formatos y presentadores cumplieron su ciclo hace mucho tiempo y muchos de los que ahora siguen en la pantalla parece que lo hicieran más por el beneficio económico que reciben que por un compromiso profesional, una pasión personal y un respeto por el televidente.



Lo que es cierto es que muchos seguirán oyendo radio por el televisor y los canales harán muy poco por estos programas, porque como dicen por ahí... si funciona y vende, ¿para qué lo cambiamos?  Y después se preguntan en los canales, ¿por qué el rating de las mañanas es tan bajo? ¡No se necesita ser un genio!


#MuyBuenosDias #MBD #DiaaDia #MañanasConUno #ElDesafio #ColombiaGritaGol #NuestraTele #CanalCaracol #CanalRCN #Entrenimiento #TelevisionColombiana #FarandulaColombiana