miércoles, 14 de junio de 2017

¡RCN: No olvidarás mi nombre …no olvidarás el rating!



Por: Guillermo Zafra yiyozafra@gmail.com    

 

Un nuevo estreno del canal RCN y un nuevo descalabro. Esta era la gran apuesta del 2017 en términos de ficción y no era para menos. En el elenco el regreso de Ana María Orozco, Carmenza Gómez y Jairo Camargo, en los libretos una historia del sello de éxito de Fernando Gaitán y en la dirección Rodrigo Triana.

¿Qué es lo que le pasa a un canal con tanta experiencia y tradición?

La respuesta la habíamos mencionado hace más de un año en el artículo RCN una marca que no marca (ir al artículo) En éste, lo que se planteaba era el problema de marketing que tiene el canal.

Aunque al interior del canal ésta es una verdad a gritos, hay una resistencia enorme por parte de quienes toman las decisiones para hacer el cambio real que necesita la marca.

RCN está apegado a fósiles que no mueven nada ni en las viejas generaciones ni mucho menos en las nuevas. El esquema y los presentadores de programas como Muy buenos días y ahora el Show de las estrellas deja la claridad de que, para el canal, la prioridad es apostarle a lo viejo conocido que vende.

Pero, más allá de esos programas, el canal tiene una crisis en lo más sensible de su estructura de programación: los noticieros. Esos programas que están en la parrilla y que son inamovibles, que van los siete días a la semana en cuatro oportunidades al día, no mueven, no convencen; desencantan y ahuyentan.

Qué puede esperar el prime si el arrastre del noticiero es nulo y la competencia lo dobla en audiencia.

Hace mucho tiempo que el canal está etiquetado por sus posiciones políticas y el público ha comprado la etiqueta cobrando caro en el rating. No olvidarás mi nombre es un producto que merece mucha más audiencia que su enfrentado Los morales, pero anoche en su estreno sólo logró un 8.5 puntos rating personas mientras que su competencia, que, en vez de sentir el golpe del estreno, subió y llegó a los 12.1 puntos de rating.

La semana para RCN comenzó con la alegría de que su producto estrella La Ley del corazón llegaba a su final y conforme a lo que merecía fue el programa más visto.

Ahora, frente a un panorama de estreno con 8 puntos de rating, lo que sigue es esperar como el producto bajará el promedio y el canal seguirá en su marasmo. 

Como siempre, las estrategias serán publicitarlo hasta el cansancio en todos los programas de la parrilla, con la idea de que eso lo hará subir, o incrementar los posters en los paraderos de la ciudades o aumentar el canje de la cuñas radiales con RCN radio.

Estrategias que han usado hasta el cansancio y que solo han tenido eco con productos que,  por lo que significan culturalmente han funcionado, como lo fue en el caso de Diomedes.

Los estrenos de RCN resultaron la mejor estrategia de programación para Caracol. Soldados 1.0, tal y como lo había mencionado en el artículo anterior, estaba beneficiándose del arrastre del final de La ley del corazón y ponía en evidencia lo desgastado que está El desafío.

Ahora, con el estreno de NOMN, el reality ha quedado como el producto que más le ayuda a la franja prime, pero, a su vez, ha quedado condenado a no llevar sus números más allá de los 9 puntos y a Caracol a extender un reinado que parece no tener fin y que claramente es inmerecido con los productos que tienen en el prime.

En la tierra de los ciegos, ¡el tuerto siempre será el rey!

Todos saben lo que deben hacer, pero nadie lo quiere afrontar. ¡RCN eligió patear siempre la misma piedra y ya no siente dolor! 

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martes, 6 de junio de 2017

¡Soldados 1.0 de RCN… parecen de chocolate!




Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com



RCN no se cansa de equivocarse y esta vez lo hace con su nuevo equipo de creadores y directivos. La renovación del canal RCN saca su primer reality para demostrar que, a pesar del cambio, siguen sin saber cómo trabajar el formato.



Hace varios años, habían trabajado sobre el concepto de llevar famosos a la dureza de la experiencia de un reality. Aunque el resultado no fue malo en términos de rating, nunca tuvo el impacto que se esperaba. No obstante hicieron la segunda temporada de La isla de los famosos, para confirmar que ese no era el camino.



Ahora han lanzado en el horario más codiciado de la parrilla -y el más costoso- Soldados 1.0, un formato que busca poner a un grupo de “famosos” en las duras condiciones de entrenamiento de un militar.



Vamos por pasos... ¿Famosos? Con dificultad se reconoce a uno que otro que alcanzó reconocimiento y que desde hace rato lo tiene embolatado porque ni trina ni relincha.



Si ya iban a cometer el error de hacer un reality utilizando como protagonistas a “famosos”, hay que asegurarse que lo sean de verdad, que estén vigentes o que su fama, a pesar de no estar vigente, sea inconfundible para el público.



Si bajo ese concepto tratamos de valorar a los participantes de este programa, seguro perderemos el tiempo. Si se va a insistir tercamente en los famosos, deben ser figuras que realmente valgan la pena por lo polémicas y reconocidas, no en vano existen los programas de las Kardashian, París Hilton u Ozzy Osbourne.



Si hay algo tremendamente llamativo y que genere identificación en la audiencia es esa mágica probabilidad  que se siente al ver que quienes hacen parte de un reality son personas del común, que el que está en la pantalla puede ser un conocido, un amigo, un familiar o, incluso, uno mismo. Sin embargo, el casting escogido rompe con ambas posibilidades de identificación, ni hay conocidos, por los que se sienta la curiosidad de saber que les va a pasar, ni hay desconocidos, por los que se pueda desarrollar una empatía por la proximidad con el espectador.



Más allá de esto, ver a estos “famosos” caminando en medio de la naturaleza, donde la máxima dificultad era el pomposo vestido de una exseñorita Colombia, no solo habla de lo poco que se conoce del potencial dramatúrgico del formato, sino que también deja mal parado el entrenamiento militar.



¿Querían dureza? Entreguen un mapa, una brújula, una sola botella de agua y un reloj marcando un tiempo límite y quiten a los militares acompañándolos. Anuncien con la presentadora que ese es el recorrido básico de recibimiento de un militar y se completa en determinado tiempo y con menos recursos que los que recibieron.



Si ese fue el comienzo de la preparación militar, lo que continuó fue más que desacertado. Centrar el drama en la peluqueada, la tendida de la cama y el peinado de las mujeres, deja mucho que desear.



En las historias se necesitan los contrapesos para hacer atractivas las narraciones, se necesitan los buenos y los malos, los deseos y los inconvenientes, los aciertos y los errores.



En Soldados 1.0, me cuesta mucho esfuerzo encontrar esos elementos básicos de la narración. Quiénes son los buenos…, ¿los militares? ¿Los malos son los participantes? Cuál es el deseo, ¿no tocar la campana porque la cama quedó mal tendida? Cuáles son los aciertos, ¿quedar bien afeitado?



Con un rating de 8.9 personas y 29 share de personas frente a un alicaído Desafío, que marcó 10.2 puntos en personas, y con la ayuda grandísima de tener los capítulos finales de La ley del corazón, que fue el programa más visto en el día de su lanzamiento, el panorama que le queda a Soldados 1.0 es ser un programa para rellenar parrilla.



Por último, la edición del programa es realmente de muy bajo nivel. Meter los Copetes (intervenciones) de la presentadora (Maria Fernanda Yepes) después de que suceden las cosas le quita peso a lo que está diciendo. Un presentador es omnipresente, todo lo sabe, lo conoce de antemano. Siempre, pero siempre, el copete debe encuadrar, anunciar, anticipar lo que va a pasar.



De ñapa, usar testimonios por debajo de lo que sucede y nunca ver al entrevistado frente a cámara, desubica y desperdicia el efecto dramático que se busca al momento del montaje.



Si con este proyecto buscaban abrir la puerta de una versión con el público general, se equivocaron de cabo a rabo.¡Y lo único que vimos fue… unos soldados de chocolate!

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miércoles, 31 de mayo de 2017

¡Caracol… vuelve y juega!



Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com



Esta semana el canal Caracol hizo los lanzamientos de una novela, o mejor una bio-novela, y su ya acostumbrado reality estrella. Por el lado de la novela lo primero que uno se pregunta es… ¿hasta cuándo con la temática de los músicos costeños?



Si bien como colombianos tenemos mucho que agradecer a la riqueza y aporte de la cultura costeña, también es cierto que tanto y tan seguido de lo mismo aburre. Como bien lo dice el dicho popular…  ¡Hasta la belleza cansaI



La vida de los Morales y en especial la de Kaleth puede que sea interesante, no lo afirmo ni lo niego, la verdad no me interesa verla, pero lo que sí puedo afirmar es que no era el momento.



Caracol se equivocó de timing y el rating así se lo está demostrando. Un lanzamiento bajito en los números con una tendencia a la baja capítulo tras capítulo.



Ahora bien, sin querer analizar con rigor el producto, se le ve la economía en el reparto y eso, aunque sea bueno refrescar la pantalla, tampoco es bueno hacerlo con el grueso del reparto de un producto. Ya que es necesario mantener el delicado balance entre actores de recorrido y nuevos talentos para que un producto sea llamativo.



En eso, el canal RCN tiene un largo historial de poner un actor como protagonista tras un producto en el que estaba de secundario y programar los dos productos consecutivamente. Esperemos que esa estrategia dé resultados con los lanzamientos que hará próximamente el ya no tan alicaído canal. Pues, como lo anunciamos, La ley del corazón era un producto que iba a causar impacto y así lo hizo, así sus números no hayan alcanzado el primer lugar.



Continuando con Caracol, el segundo lanzamiento que hizo el canal fue El Desafío, su ya insigne reality que sigue los pasos de Sábados Felices, cultivando año tras año el reconocimiento de duración en pantalla… Si es por repeticiones va por buen camino, lo demás deja mucho para revisar.



En lo personal, debo confesar que me parece que el formato perdió la capacidad de sorprender hace varias ediciones y que los productores incluyen elementos más fruto de la premura creativa, que de un proceso dramatúrgico estructurado.



Si hay algo que siempre he afirmado en el manejo de estos formatos, es la obligatoriedad de no tener demasiados participantes al comienzo; cuando son muchos, no es claro quién es quién.



Eso sí, con excepción del paisa negro que es un showman y se hace notar… sí o sí.



Ahora bien, si ha esto se le suma el hecho de integrar a un personaje como Osmín que, aparte de su pose de chico malo, no tiene nada más, podría decirse que de elementos diferenciales con las ediciones anteriores… ¡hay bien poco!



Por cierto, con respecto al entrenador de los desterrados, lleva varios años remando en canales latinoamericanos para tener un programa llamado “El método Osmín” , claramente no da para que lleve el peso de un programa.



Lo curioso de todo esto y para cerrar este artículo, es que ese personaje se va a volver protagonista en esta edición de El Desafío y no porque haya sido una apuesta de los productores, sino porque no sabrán administrarlo.



Una reflexión básica al respecto… ¿Los protagonistas no deben ser los participantes? Amanecerá y veremos si la intuición atina o falla.



P.D.: El cambio de presentadora no me disgusta y creo que Catalina Aristizabal encaja en el personaje Host de para este reality.

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jueves, 20 de abril de 2017

¡Déjala vivir!



Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com


Desde que se estrenó la La niña Emilia en Telecaribe, han surgido una gran cantidad de artículos que hablan del impacto que ha generado. En la mayoría de ellos, aunque algunos hiperbolízados, comparto las líneas generales de lo que reconocen en esta miniserie.



Sin duda y sin precedentes, Telecaribe demostró que la televisión es una sola sin importar si es pública y sin avergonzarse de que sea regional y pequeña. Llamó a personas con experiencia de la televisión comercial y las puso al servicio de hacer un buen producto.



Claro, sin duda, los directivos del canal tuvieron la verraquera para darle libertades al equipo creativo y de realización, para que hicieran un aporte al producto, para que dejaran atrás las cadenas de la televisión comercial y se apropiaran de los espacios que dan la ilusión de hacer algo bueno y de impacto.



La niña Emilia tiene la particularidad de hacerle sentir al televidente que está hecha con amor y pasión, no con limitación y obligación.



Ahora bien, no sería justo, al calor de ver el esfuerzo que se ha hecho, dejar de mencionar las debilidades que tiene. Hay fuertes huecos en la historia y se siente desarticulada la evolución cronológica del personaje. No es una intención narrativa, es una falencia del producto.



Por otro lado, a título personal, el hecho de que las distintas etapas de la protagonista sean interpretadas por la misma actriz Aida Bossa se siente descontextualizado cronológicamente; es decir que, para lo que se está contando, muchas veces, se ve bastante mayor.



No obstante lo mencionado, la serie juega con las posibilidades narrativas y pone al televidente a entrar y salir de la ficción con una facilidad fascinante, lleva al espectador arrullado como por el canto de las sirenas a perderse en los aportes de lo documental como si hicieran parte misma de la ficción.



El trabajo de Andrés Salgado y su equipo en la construcción de los libretos y Alessandro Basile y Ramsés Ramos en la dirección logra que uno ni se dé cuenta de que están mezclando dos géneros: la realidad y la imaginación, en una combinación que solo deja espacio para sentarse y entretenerse.



Mucho se dice que la televisión se debe hacer lo más evidente posible, que no genere preguntas en el espectador y que no le demande el esfuerzo de conectores narrativos que lo obliguen a no perderse ni un instante para que no se desubique de lo que está pasando, pero creo que, en el caso de La niña Emilia, productores, escritores y realizadores dejaron de lado la vieja premisa de que al espectador hay que darle todo mascado y se concentraron en hacer un producto que fuera bueno y que contara algo interesante.



En resumidas cuentas, atendieron la premisa contraria y que es tan conocida en la televisión… El televidente es inteligente y reconoce un buen producto.



Telecaribe ha sentado un precedente que, equivocadamente, han tildado como un hito en la televisión regional. Discrepo profundamente de eso. Esta serie se arriesgó a hacer buena televisión con un presupuesto muy limitado, a traer formas distintas de contar a las convencionales, a mezclar géneros narrativos; pero, por encima de todo, esta serie mostró que el televidente puede consumir cualquier producto, con cualquier estructura narrativa.


Caracol y RCN tendrán que mirar con el rabillo del ojo y reconocer que Telecaribe supo hacer con este producto mucho mejor televisión que ellos. Hay muchas más cosas que ver en los canales públicos y regionales que en los privados. Felicitaciones!



Quienes no la hayan visto les recomiendo pasarse por la página de Telecaribe. 

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martes, 21 de febrero de 2017

¡JJ, comandante del rating!




 Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com


Caracol ha lanzado con bombos y platillos su producto internacional JJ, basado en el libro del lastimosamente famoso sicario insignia del cartel de Medellín.



Lo primero que vale la pena que el público sepa es que este es un producto en alianza internacional, al igual que RCN con El comandante. En este caso, Caracol, que tiene mejores espacios comerciales, unió fuerzas con Netflix para este producto.



Si bien la polémica ha acompañado a este producto y no es para menos, hacer dramaturgia a partir de un personaje que, de cierta manera, se ha convertido en una vedette a punta de hacer la recopilación histórica de un época dramáticamente violenta, debería generar cuestionamientos.



Más allá de si este personaje o no merece estar en pantalla, uno se pregunta si era el momento para hacerlo.



Las historias de los delincuentes siempre han sido fuente de inspiración en la humanidad. Grandes libros se han escrito alrededor de estos personajes, se han hecho memorables películas y, claro, la televisión ha usado el delito como generador de contenido.



Desde hace varios años, nos ha acompañado en nuestra pantalla la presencia o, mejor, la casi omnipresencia de Pablo Escobar en distintos productos, pero lo cierto es que este personaje ya no está con nosotros, murió, y ahí hay una clara diferencia.



Ahora, tener la historia de un personaje que aún está vivo, que está libre, que escribe un libro y que ha tomado una inusitada presencia en los medios de comunicación, sí nos deja pensando que en este país el delito y la corrupción… ¡si pagan!



¿Es esa la marca que Caracol quiere promover? No sé si se hagan la pregunta o no, no sé si la alianza para producir el producto era demasiado rentable como para no hacer cuestionamientos éticos y no sé si el jabón del rating alcanzado es suficiente para lavar los atisbos de remordimiento.



Si se dejan de lado las consideraciones morales y nos centramos en lo televisivo, hay que decir que el producto está bien hecho y, muy contrario a lo que pasa con El comandante de RCN, la edición respeta la construcción de la estructura narrativa.



Como resumen, éste es un producto que se cuenta bien y que sabe enganchar al televidente.



Pero, para poder completar este panorama, es muy importante preguntarse qué pasa con el público. Porque si bien el que estas temáticas se pongan en pantalla es decisión de canales y productores motivados por un beneficio comercial, la responsabilidad de que se mantengan al aire es del público.



¡Qué tenemos en la cabeza como sociedad que respaldamos una serie como JJ  y le damos el tercer puesto en el rating con un promedio de 8 puntos!



No nos podemos quejar de que el agua está envenenada, si fuimos nosotros los que decidimos tomárnosla.

miércoles, 15 de febrero de 2017

¡Para dónde vas… Comandante!


 
Por: Guillermo Zafra-yiyozafra@gmail.com





RCN, hace algunos días, hizo el lanzamiento de su nuevo producto de apertura en el horario late. La historia del polémico presidente venezolano que se hizo célebre por su particular forma de ver la política tanto local como internacionalmente.



Más allá de las consideraciones éticas sobre si este personaje merece o no que su historia de vida sea contada como programa de televisión, vale la pena detenerse en lo puramente audiovisual.



El comandante, en sus primeros capítulos, pero en especial en el de estreno, tuvo fuertes debilidades en la estructura narrativa. Si bien éste es un personaje muy conocido, no se puede asumir que la mayoría de los televidentes conozcan sus antecedentes.



No hay peor error que intentar contar los hechos de un personaje tan flemático como éste, si no se conocen las motivaciones que dispararon su proceso.



Con pequeños flashbacks insertados a la fuerza, se intenta contar un pasado desarticulado que al final no se entiende. La versión internacional fue mucho más consciente de la importancia de contar el sustento emocional que motiva al protagonista, pero la versión de RCN se equivocó de cabo a rabo.



Ahora bien, desde mi punto de vista, éste es un error de enfoque, de lectura de contexto. Quiénes tenían la responsabilidad de decidir que se cuenta y que no, optaron por lo que consideraron políticamente correcto y no por lo que narrativamente era estructurado. Al final, el desacierto no se hizo esperar y el rating resultó ser una hecatombe.



Como creador de contenido y libretista, no alcanzo a imaginar el desconsuelo de quienes escribieron la serie, al ver el resultado que se puso al aire en el canal nacional.



De otra parte, y en lo personal, creo que el trabajo de interpretación de Andrés Parra no es contundente, de hecho, parece que su interpretación fue una parodia y eso, en términos narrativos, es quitarle toda la verosimilitud al protagonista. Mejor dicho, si así es con el personaje principal… como diría la vendedora de rosas, ¡para qué casa si no hay zapatos!



Ahora bien, si cambiamos de foco y nos ponemos a pensar qué motivó contar una historia como la de Chávez en nuestra televisión, en lo personal, no le encuentro ningún asidero lógico.



Este es un personaje que no tiene arraigo en nuestro país y que sus múltiples acciones, en la gran mayoría de los casos, generaron profundo rechazo en nuestra sociedad. Pensar que el solo hecho de que sea un personaje reconocido lo hace atractivo, nuevamente es un gran equívoco.



Pero pensar que la motivación para hacer un producto domo El comandante para la televisión colombiana fue esa, es perder de vista la globalización que tiene la industria desde hace varios años.



Tenemos este producto en nuestra pantalla porque es un producto de demanda internacional, una apuesta para varios mercados en la que RCN vio la oportunidad de ser un socio más y no ser el único doliente del esfuerzo económico.



Al final, era una apuesta, un tiro al aire a ver si caía en la diana y podían sacar un poco de rédito económico y provecho en el rating. Pero los números claramente indican que a la hora de tomar decisiones en televisión, la rentabilidad y joint venture (alianza estratégica) no son los factores determinantes.



A ver si con este nuevo descalabro, RCN entiende que el mercado colombiano, su gran gallina de los huevos de oro, no puede ser tratado como marrano antes del sacrificio. O se pone serio y produce para ser líder o intenta recoger monedas para meter en la alcancía.

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